El Islam, según el Corán y la historia

Después de los atentados de las Torres Gemelas el problema del Islam cobró nueva actualidad. Si en pleno siglo XIX estaba en franca decadencia, hoy avanza en todo el mundo, sobre todo en los países cristianos. Las mezquitas aparecen en los lugares más insólitos de Latinoamérica.

Ciertos católicos y los políticos de todo color favorecen peligrosamente la expansión del Islam. Creen que ciertos slogans de paz, fraternidad y amistad pueden hacer cambiar la doctrina, los hechos y la mentalidad de los musulmanes. No nos engañemos: el Corán y el islamismo no cambian nunca.

Es preciso evitar ese tipo de ilusiones y saber bien qué es y en qué consiste el Islam.

La prensa y el Islam

La prensa suele hablar del Islam sin conocerlo realmente. A resultas de los atentados, la revista “Semanario”, órgano de formación e información católica de la arquidiócesis de Guadalajara, México, publicó varios artículos. El periódico tiene el deber de formar e informar objetivamente a los lectores. Ahora bien, hablar del mahometismo con un vocabulario cristiano y considerarlo como un casi cristianismo es hablar con ligereza, peligrosa y engañosamente. Presentarlo como una religión de paz es fruto de una simple buena intención. Pero las buenas intenciones no cambian la naturaleza del Islam o del Corán, que manda a hacer la guerra santa en nombre de Alá.

A propósito de los atentados el Papa Juan Pablo II se preguntaba: “¿Cómo se pueden verificar episodios de tan salvaje crueldad?” La respuesta está en el Corán: “Cuando encontréis a los infieles matadlos hasta el punto de hacer con ellos una carnicería (...) Los que hayan sucumbido en el camino de Alá (en la guerra), Alá los introducirá en el paraíso” (…) “¡Oh creyentes! Si asistís a Alá en su guerra contra los malvados, él también os asistirá y dará firmeza a vuestros pasos. En cuanto a los incrédulos, ojalá perezcan” (Corán, LXVII, 4-5, 7-9).

La mejor manera de saber qué es el “terrorismo islámico” consiste en tomar en serio todo lo que dice el Corán. No hay que dividir a los musulmanes en los buenos “moderados” y en los malos “fanáticos-extremistas”. Todos los musulmanes tienen los mismos principios: el Corán, el ejemplo de Mahoma y la historia del Islam. Los musulmanes que hacen la guerra quieren cumplir la voluntad de Alá y ejecutar una obra meritoria. La doctrina islámica los respalda e incita a actuar de esa manera.

El Semanario en cuestión publicó unos versículos del Corán que hablan de la paz, sin mencionar ni uno de los muchos que hablan de la guerra santa o jihad. El autor quiere vender una versión edulcorada del Islam, adaptándolo al ambiente actual: ecumenismo, libertad, derechos humanos, fraternidad. Eso nunca existió ni existirá en el Corán.

¿Qué es el Islam, quién lo fundó?

El Islam fue fundado por Mahoma en Arabia, 622 años después de Cristo. San Juan Damasceno (650-750), que vivió en la Siria conquistada por los árabes en 634, en su “Libro sobre las herejías” escribió: “Hay también la religión de los ismaelitas [árabes] que domina todavía en nuestros días, extravía a los pueblos y anuncia la venida del Anticristo”. Se levantó entre los árabes idolatras “un falso profeta, llamado Mahoma, que después de tomar conocimiento del Antiguo y Nuevo Testamente, y haber frecuentado probablemente a un monje arriano [que niega la divinidad de Cristo] fundó su propia herejía. Después de haberse ganado el favor del pueblo simulando la piedad, insinuó que una Escritura venida del cielo le fue revelada por Dios. Habiendo redactado en su libro unas doctrinas risibles, transmitió a los árabes esta manera de adorar a Dios”. [San Juan Damasceno, "Escritos sobre el Islam"]

En el siglo VII todos los pueblos mediterráneos eran cristianos y la península arábiga estaba bastante evangelizada. Sólo quedaban unas tribus paganas. Mahoma pretendió tener revelaciones de Alá y se proclamó profeta. Los comerciantes de La Meca lo rechazaron. En 622 tuvo que refugiarse en la ciudad de Yatrib (la cual hoy se llama Medina) y allí logró atraer a algunos hacia su religión. La comunidad judía de Yatrib no lo reconoció como profeta. Por eso Mahoma la castigó. La enemistad entre judíos y musulmanes data de aquel entonces.

Cuando Mahoma pudo fortalecerse, se lanzó a asaltar ricas caravanas junto a sus compañeros. Hizo la guerra y se proclamó jefe religioso, civil y político de los árabes. Por esa razón en el Islam no hay distinción entre la religión y la política, entre lo civil y lo religioso.

En 630, acompañado de sus huestes, conquistó la ciudad de La Meca. Bernardino Llorca escribe: “Podemos, pues, afirmar que el verdadero origen de las llamadas inspiraciones de Mahoma, las verdaderas fuentes inspiradoras del Corán y del Hadiths (dichos de Mahoma), son: en primer lugar, la voluntad dominadora y, por consiguiente, una política sin escrúpulos por parte de Mahoma, que para conseguir su ideal de dominio no se arredraba ante ninguna dificultad ni crimen alguno, y por lo mismo, organizó la guerra santa o guerra de exterminio de todos los que se oponían al triunfo de su ideología” ["Edad Antigua", Madrid, BAC, 1990, pág. 728].

Mahoma fue el fundador de la guerra santa. De hecho, “lo nuevo que trajo Mahoma fue, además de su religión, este impulso hacia afuera [de Arabia], un ansia desbordante de conquista, que lo convirtieron a él y a su pueblo en verdaderos conquistadores religioso-políticos” ["Edad Antigua", pág. 719].

Mahoma se consideró como el último y el mayor de todos los profetas. Los musulmanes lo tienen como tal. El Corán es considerado como la última revelación divina y acusa a cristianos y judíos de haber falsificado la Biblia.

Mahoma murió en 632 después de haber sometido a su poder la península arábiga uniendo las tribus árabes belicosas y nómadas acostumbradas al pillaje de las naciones vecinas. A su muerte lo sucedieron Abû Bekr y después Omar, quienes se entregaron al pillaje de Siria. Una simple operación de razzia se transformó en una conquista definitiva y dio nacimiento de un imperio anticristiano sobre las ruinas de la antigua cristiandad, sabiendo capitalizar las divisiones surgidas entre los cristianos después de los concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451) que condenaron el nestorianismo y el monofisismo.

El Islam niega y combate el Catolicismo

El dios del Islam, Alá, que habla en el Corán, niega y condena absolutamente la Santísima Trinidad, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la redención por la cruz; califica a la Iglesia y a sus representantes de meros infieles:

— Negación de la Trinidad: “No digáis: Hay trinidad. Cesad de hacerlo. Esto os será más ventajoso, pues Alá es único. Gloria a él. ¿Cómo tendría un hijo?” (Corán, IV, 169).

— Aquellos que creen en la Trinidad son infieles: “Infiel es el que dice: Dios es el tercero de la trinidad, en tanto que no hay más Dios que el Dios único. Si no cesan (…) en verdad un castigo doloroso alcanzará los infieles” (Corán, V, 77).

— Cristo es un puro hombre: “Jesús es a los ojos de Alá, lo que es Adán. Alá lo formó del polvo y luego le dijo: Sea y fue” (Corán, III, 53).

— Los cristianos son infieles: “Infiel es el que dice: Dios es el Mesías [Cristo], hijo de María” (Corán, V, 76). “Los cristianos dicen: el Mesías es hijo de Dios. Tales son las palabras de sus bocas; al decirlas se semejan a los infieles de otro tiempo. ¡Que Dios les haga la guerra!" (Corán, IX, 30).

— Negación de la crucifixión: “Los judíos dicen: Hemos condenado a muerte al Mesías, a Jesús, hijo de María, al enviado de Alá. No, no lo han matado, no lo han crucificado; un hombre que se le parecía fue puesto en su lugar, (...) no lo han matado realmente. Alá lo ha elevado a él” (Corán, IV, 156).

— El Corán debe reemplazar la Biblia: Alá “ha enviado a su apóstol [Mahoma] provisto de la dirección y de la verdadera religión, para elevarla por encima de todas las religiones” (Corán, XLVIII, 28).

El Corán y la guerra santa islámica

No se puede entender lo que pasa hoy y lo que pasó con el Islam desde su nacimiento sin considerar al Corán como punto de referencia de la mentalidad, del derecho, de la política y de la actitud de los musulmanes. Tratar de “fanáticos” a los musulmanes que toman el Corán en serio es una muestra de suma ignorancia. Todos los musulmanes están perfectamente de acuerdo en que el Corán es la verdad divina comunicada a los hombres. En toda religión el fundador es un modelo que debe ser imitado.

Sus primeros compañeros son los que realmente saben explicar y transmitir lo que enseñó el fundador. Su actuación y sus palabras son ejemplos que los secuaces deben reproducir. Ahora bien, si Mahoma, el fundador, y sus primeros lugartenientes, los califas, fueron hombres pacíficos, entonces los “terroristas” de hoy no serían verdaderos musulmanes, sino “extremistas” que deforman la religión islámica.

Sin embargo, la historia nos enseña todo lo contrario. Mahoma y los califas sometieron por la fuerza primero a toda Arabia y después, aprovechando de las divisiones entre cristianos, conquistaron por medio de la guerra a Siria, Palestina, Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Marruecos, casi toda España, Portugal, hasta el sur de Francia, Turquía, Irak, Irán, Armenia, y Afganistán hasta la India. La guerra es el medio principal de difusión del Islam.

Por eso, los que hoy son llamados “terroristas” son en realidad los verdaderos musulmanes. Quieren practicar su religión e imitar a su profeta, conquistando a sangre y fuego al mundo para el Islam. Ni más ni menos que lo que hicieron los primeros musulmanes con la guerra santa.

La guerra santa es para el Islam lo que las misiones son para el catolicismo. Se dice de Mahoma que intervino en unas ochenta batallas. El Corán incita a la guerra santa más de cien veces. Quizás hay musulmanes que no quieren matar ni hacerse matar. Ése no es el problema. Lo que interesa es lo que es la doctrina musulmana considerada como revelación divina y lo que los musulmanes piadosos piensan hacer como obra de bien, poniendo en práctica esa misma enseñanza.

He aquí algunas citas al respecto: “Combatid en la senda de Dios [=haced la guerra santa por la causa de Alá] (…) Matadlos doquiera que los halléis y expulsadlos de donde ellos os han expulsado. La tentación de la idolatría es peor que la carnicería de la guerra” (Corán, II, 186-7); “Se os ha prescrito la guerra” (Corán, II, 212); “Si no marcháis al combate, Alá os castigará con un castigo doloroso; os reemplazará por otro pueblo” (Corán, IX, 39); “¡Oh creyentes!  Combatid a los infieles que os rodean; que hallen siempre en vosotros una acogida ruda” (Corán, IX, 124); “Cuando encontréis a los infieles, matadlos hasta el punto de hacer con ellos una carnicería y estrechad fuertemente las trabas de los cautivos. Luego ponedlos en libertad o entregadlos mediante un rescate cuando la guerra haya cesado. Obrad así” (Corán, LXVII, 4 y ss.); “No mostréis cobardía y no llaméis a los infieles a la paz cuando sois los más fuertes y Alá está con vosotros” (Corán, 47, 37); “Combatid a los infieles hasta que no haya ya tentación (de idolatría) ni más culto que el del Dios único” (Corán, VIII, 40); “No os deis tregua en la persecución de vuestros enemigos” (Corán, IV, 105).

El “dhimmi”, cristiano sometido en el Islam

Entre cristianos y musulmanes nunca hubo igualdad de derecho. Los cristianos que se defendían eran reducidos a esclavitud o directamente asesinados; los que se rendían sin luchar y entregaban sus ciudades eran considerados “dhimmi”, o ciudadanos de segunda clase, que debían ser humillados, pagar tributos especiales, servir al Islam y no hacer ninguna propaganda del cristianismo.

Bat Ye’or, especialista en el estatuto del dhimmi, escribe: “Un análisis más detallado de la condición del «dhimmi» descubre que, bajo ciertos aspectos, fue inferior a la del esclavo. En efecto el esclavo, a pesar de ser privado de su libertad, no sufría como el «dhimmi» el envilecimiento obligatorio y constante prescrito por la religión. El menosprecio de la persona y su inferiorización erigido en principio teológico y político constituye el aspecto principal de la civilización de la «dhimmitud». Es la ignominia de la inferioridad, que legitima derramar la sangre del «harbi» [a quien debe hacerse la guerra], que justifica el jihad y la anonadación de los «dhimmi»”. [Bat Ye'Or, "Frente al peligro integrista, judíos y cristianos sobre el Islam", págs. 86-87].

Todos estos aspectos fueron justificados por los juristas musulmanes mediante versículos del Corán. Bat Ye’or dice: “A la vista de las innumerables fuentes consultadas, parece que estas medidas de humillación siempre fueron aplicadas en el conjunto del dar al-Islam. Los períodos de aligeramiento o alivio constituyen situaciones excepcionales, temporarias, resultando de conjunciones efímeras y accidentales. (...) Los teólogos musulmanes justifican la humillación de los dhimmi invocando versículos coránicos y las Hadiths, [dichos de Mahoma].  Los «dhimmi» son acusados de falsificar la Biblia y de negar la superioridad del Corán perseverando en el error”. [Bat Ye'Or, op. cit., págs. 88-89].

Las persecuciones que sufren los cristianos bajo el imperio de la ley islámica no es tema de un pasado más o menos remoto. Desde hace años en Sudán se persigue a los cristianos que no aceptan la islamización del país. En Arabia Saudita viven actualmente unos 500.000 cristianos a los que se les prohíbe bajo pena de cárcel o expulsión tener una capilla, celebrar Misa o poseer una Biblia. Durante la Guerra del Golfo los helicópteros tuvieron que ocultar la cruz y pintar en su lugar la media luna…

Unos principios básicos para entender el Islam

¿Puede cambiar el Islam? Dejemos que el Corán responda: “Las palabras de Alá no cambian” (Corán, X, 65); “Alá ha enviado a su apóstol [Mahoma] con la dirección y la verdadera religión [Islam], para elevar ésta por encima de todas las demás religiones” (Corán, IX, 33). En el contexto del islamismo, algo como el Vaticano II es simplemente impensable. Para los musulmanes la única verdadera religión es el Islam: “Todo el que desee otro culto que no sea la resignación a Dios (Islam), ese culto no será recibido por él; y en el otro mundo él será del número de los desgraciados” (Corán, III, 79). El último y sello de todos los profetas es Mahoma (Corán, XXXIII, 40).

El Corán es la palabra de Alá. Todo lo que dice es verdad absoluta, sin ningún error. Los que ponen en práctica el Corán son los musulmanes piadosos, los demás son impíos.

El mundo entero pertenece a Alá y fue dado a los musulmanes; esto tienen que reconquistarlo apelando a todos los medios.

Por el momento el mundo está dividido en dos partes: dar al-Islam y dar al-harb: tierra del Islam y tierra de guerra. Las tierras no islámicas deben ser conquistadas e islamizadas mediante una infiltración pacífica, la islamización de los autóctonos, el matrimonio, procreación de muchos hijos o la guerra. Cada mezquita que se construye allí es un territorio “liberado” y entregado al dar al-Islam. Por esa razón Mons. Bernardini dijo en el Sínodo de Obispos en 1999: “Que nunca se dé una iglesia católica a los musulmanes para su culto; eso sería la prueba más cierta de nuestra apostasía”.

Los cristianos y los judíos falsificaron las Escrituras que recibieron antes de la venida de Mahoma. Por tanto, son infieles: “¡Oh vosotros los que habéis recibido las escrituras! ¿Por qué revestís la verdad con el manto de la mentira? ¿Por qué la ocultáis, vosotros que la conocéis?”

Cristo es un simple profeta menor que Mahoma. Considerarlo como Dios es un crimen de infidelidad, que pone a los católicos al mismo nivel que los idólatras.

El Corán y la doctrina musulmana están por encima de cualquier ley humana, de cualquier dignidad del hombre o de cualquiera de sus derechos. Los musulmanes pueden aprovecharse de las leyes occidentales para instalarse y organizar sus comunidades en países católicos, esperando un día llegar a dominarlos.

Los musulmanes son soldados de Alá y deben someter todo el planeta al Islam. Para lograrlo, pueden utilizar todos los medios: la mentira, el engaño, la subversión o la fuerza.

El vocabulario islámico traducido en lenguas cristianas parece adquirir un contenido cristiano y engaña a la gente. Las realidades a las que apuntan las palabras en árabe, sobre todo en el Corán, son diferentes y tiene un sentido islámico propio.

R.P. Michel Boniface