El sacerdocio de Jesucristo

El sacerdocio católico constituye el corazón de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Su meta principal es formar sacerdotes santos y apoyarlos.

 

El propósito de la Fraternidad es el sacerdocio y todo lo que le concierne y nada más que lo que le concierne; es decir, el sacerdocio como Nuestro Señor Jesucristo lo deseó cuando dijo: ‘Haced esto en memoria mía’.” Estatutos, De sodalitii fine

Por consiguiente, la Fraternidad debe orientar al sacerdote hacia el Santo Sacrificio de la Misa, con todo lo que éste significa, todo lo que emana de él y todo lo que lo complementa –y hacerlo concretar en su vida diaria, cosa que constituye esencialmente su razón de ser.
 

El Apóstol de los Gentiles de este modo resume perfectamente lo que se puede decir de la grandeza, la dignidad y el deber del sacerdocio cristiano: Sic nos existimet homo Ut ministros Christi et dispensatores mysteriorum Dei: ‘Que los hombres vean en nosotros a los ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.’

El sacerdote es el ministro de Cristo, es decir, un instrumento en las manos del Divino Redentor. Él continúa la obra de la Redención en toda su universalidad y eficacia divina que abarcan toda la Tierra; ese trabajo que realizó una transformación tan maravillosa en el mundo.

Por lo tanto el sacerdote, como se dice con toda razón, es de hecho ‘otro Cristo’ porque, de alguna manera, él mismo es una continuación de Cristo. ‘Como el Padre Me envió, así también Yo os envío’, se le dice al sacerdote. De ahí que el sacerdote, como Cristo, continúa dando ‘gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad.’” Pío XI, Ad Catholici Sacerdotii