Preguntas más frecuentes (FAQ)

Mons. Lefebvre es el fundador de la Fraternidad de San Pío X (FSSPX).

Breve biografía 1905-1991:

29-11-1905

Marcel Lefebvre nace en el seno de una buena familia católica (cinco de los ocho hijos se convertirían en sacerdotes o religiosas).

21-09-1929

Marcel Lefebvre es ordenado sacerdote.

1932-1946

Tras ingresar en los Padres del Espíritu Santo, trabaja como misionero en el Gabón (África).

18-09-1947

Es consagrado obispo y designado Vicario Apostólico en Dakar (Se­negal).

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La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) es una sociedad sacerdotal internacional de vida común sin votos, cuyo propósito es alentar, apoyar y formar sacerdotes santos, para que puedan difundir eficazmente la fe católica en todo el mundo.

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¿Puede aceptarse una censura cuando no se ha señalado ningún crimen, o cuando la verdadera autoridad del juez no es segura?

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27-10-1975

El Card. Villot escribe a las jerarquías del mundo para decirles que dejen de incardinar a los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, puesto que había sido suprimida.

12-06-1976

Mons. Benelli escribe a Mons. Lefebvre diciéndole que no ordene sacerdotes sin el permiso de sus obispos diocesanos.

29-06-1976

El arzobispo lleva a cabo las ordenaciones previstas.

01-07-1976

Se declara la suspensión del arzobispo y de los sacerdotes recién ordenados.

Pero lo fundamental es que se trataba de un ataque a la Misa tradicional.

Sin embargo, Roma siempre ha reconocido tácitamente la legítima continuidad de la Fraternidad (p. ej., cuando en mayo de 1988 el Card. Ratzinger aceptó el principio de que se consagrase un obispo de entre los sacerdotes de la Fraternidad) y la nulidad de las suspensiones (p. ej., cuando en diciembre de 1987 el Card. Gagnon no dudó en asistir como prelado a la Misa del arzobispo “suspendido”).

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Notas preliminares:

a) la crítica al “nuevo rito” no puede ser una crítica a la misa en sí misma, pues ésta es el verdadero sacrificio de Nuestro Señor legado a su Iglesia, sino un examen sobre si se trata de un rito o ceremonial conveniente para encarnar y realizar este augusto sa­crificio. (Nótese que la validez de una misa y la conveniencia de su rito son dos cuestiones diferentes, como resulta evidente en el caso de una misa negra.)

b) Es difícil, para quienes sólo han conocido la Nueva Misa, comprender de qué se han visto privados, y asistir a la Misa “latina” a menudo les parece demasiado lejano. Para ver diáfanamente de qué se trata, es necesario comprender con claridad las verdades definidas de nuestra Fe sobre la Misa. Sólo con esta luz puede valorarse un rito de la Misa.

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El Concilio Vaticano II fue una reunión de los dos mil quinientos obispos de todo el mundo durante cuatro sesiones, desde octubre de 1962 a diciembre de 1965. El Papa Juan XXIII, en su alocución de apertura al Concilio (11-10-1962) declaró que su finalidad era que la fe católica se conservase y enseñase, pero que se enseñase en el lenguaje del hombre moderno con un magisterio "de carácter prevalentemente pastoral", sin recurrir a condenaciones, sino haciendo un llamamiento a todos los pueblos. El Papa Pablo VI concuerda con su predecesor: el Concilio Vaticano II

fue un acontecimiento importantísimo porque (…) ante todo buscó las necesidades pastorales y, alimentándose en la llama de la caridad, hizo un gran esfuerzo para llegar no sólo a los cristianos todavía separados de la comunión con la Santa Sede, sino también a toda la familia humana" (breve de clausura, 08-12-1965).

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Un código es una colección de leyes, siendo cada una de ellas una orden de la autoridad competente: cada canon del Código de 1917 era una ley de Benedicto XV, y cada canon el Código de 1983 (comúnmente llamado ahora “nuevo código”) es una ley de Juan Pablo II.

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En virtud de su ordenación, un sacerdote puede bendecir las cosas e incluso consagrar el pan y el vino de forma que se conviertan en el verdadero Cuerpo y Sangre de Jesucristo Nuestro Señor. Pero siempre que en su ministerio tiene que ejercer autoridad con las personas, necesita, además de su poder de orden, el poder de jurisdicción, que le apodera para juzgar y gobernar su rebaño. Es más, la jurisdicción es necesaria para la validez misma de los sacramentos de la penitencia y el matrimonio.

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La Fraternidad San Pío X no podría nunca beneficiarse del indulto de  Roma. En primer lugar por las condiciones ligadas a él, particularmente la de reconocer el "valor doctrinal y jurídico" de la Nueva Misa, lo cual es imposible; y en segundo lugar, pero más fundamentalmente, porque tal aceptación del indulto equivaldría a decir que la Iglesia había suprimido legalmente la misa antigua, lo cual ciertamente no es el caso.

Pero otros sacerdotes se han beneficiado de él, unos aprovechando la ocasión para poder decir la misa tradicional latina, otros sólo a petición de su obispo, y los pocos casos que siempre dirían la misa antigua, pero que han aceptado hacerlo bajo los auspicios del indulto “por razones pastorales”.

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¿Qué fue lo que sucedió?

Mons. Lefebvre, comprendiendo que sus días estaban contados y viendo que no había otra forma de asegurar la continuidad en la ordenación de sacerdotes verdaderamente católicos, decide consagrar obispos, y el 19-04-1987 anuncia que lo hará incluso sin la autorización del Papa. El 17-06-1988, el Card. Gantin, prefecto de la Congregación de Obispos, advirtió oficialmente a Mons. Lefebvre de que, en virtud del canon 1382, él y los obispos consagrados por él serían excomulgados (por actuar sin mandato pontificio y por tanto infringiendo las leyes de la sagrada disciplina). El 30-06-1988, Mons. Lefebvre, junto con el obispo Mons. De Castro Mayer, consagraron cuatro obispos. El 01-07-1988 el Card. Gantin declaró la excomunión con que había amenazado, según el canon 1382. También denominó las consagraciones como acto cismático, y declaró la correspondiente excomunión (can. 1364.1), amenazando también a quien apoyara las consagraciones con la excomunión a causa del cisma. El 02-07-1988, en Ecclesia Dei Afflicta, el Papa repite la acusación de cisma del Card. Gantin y amenaza con excomuniones generalizadas.

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¿Fue también excomulgado Mons. Lefebvre (junto con el co-consagrante Mons. De Castro Mayer y los cuatro obispos consagrados) por realizar un “acto cismático”? No. Ya se ha aportado un primer argumento.

¿Además, qué es lo que constituye un acto cismático?

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Desde la introducción de los nuevos ritos sacramentales, Roma no permitió a ninguna Fraternidad o Congregación el uso exclusivo de los antiguos. Luego, el 30 de junio de 1988, Mons. Lefebvre consagró cuatro obispos para asegurar la supervivencia del sacerdocio tradicional y de los sacramentos, y especialmente de la antigua Misa. De repente, en dos días, Juan Pablo II reconoció las "legítimas aspiraciones" a estas cosas (de quienes no apoyasen la posición del arzobispo) y permitió que se les diera lo que siempre había negado a Mons. Lefebvre. Una docena de sacerdotes de la Fraternidad San Pío X aceptaron esta “buena voluntad” y se marcharon para fundar la Fraternidad San Pedro.

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Esta cuestión ilustra las diferencias fundamentales entre la Fraternidad San Pío X y los “tradicionalistas” conciliares, o conservadores. A éstos se les ve a menudo defendiendo la Misa latina y este Nuevo Catecismo, pero no atacando abiertamente la Nueva Misa ni el Concilio Vaticano II, mientras que la Fraternidad San Pío X defiende los catecismos tradicionales y por tanto la misa antigua, y también ataca el Novus Ordo, el Concilio Vaticano II y el Nuevo Catecismo, todos los cuales en mayor o menor medida minan nuestra fe católica inmutable.

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Ante el escándalo que supone que un Papa pueda firmar la Dignitatis Humanae, cambiar radicalmente la liturgia de la Misa, codificar una nueva eclesiología, o convertirse a sí mismo en protagonista de un aberrante ecumenismo, algunos han llegado a la conclusión de que los últimos Papas no pueden haber sido verdaderos Papas, o incluso que perdieron su Pontificado a causa de dichos escándalos. Se remiten a las discusiones de los grandes teólogos de la Contrarreforma sobre la pérdida del pontificado (por abdicación, incapacidad, herejía, etc.) y argumentan de la siguiente manera: quien no es miembro de la Iglesia, no puede ser su cabeza; pero un hereje no es miembro de la Iglesia; ahora bien, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II son herejes; luego no son ni miembros ni cabezas de la Iglesia, y por tanto todos sus actos deben ser completamente ignorados.

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