Los milagros de Lourdes: ¿verdad o engaño?

PRUDENCIA DE LA IGLESIA

Se conoce a Lourdes sobre todo por ser “tierra de milagros”. En Francia y en el mundo entero, los milagros contribuyeron a hacer de esta pequeña aldea uno de los santuarios marianos más famosos del mundo.

El 25 de febrero de 1858, durante la novena aparición, siguiendo las indicaciones de la Santísima Virgen María, Bernardita cavó la tierra en el fondo de la gruta con sus dedos y descubrió allí una fuente de agua. Tres días después habría de tener lugar la primera curación, pronto seguida por otras. A lo largo de los meses y los años se van a ir multiplicando las curaciones de una manera extraordinaria: por ejemplo, en el año 1877, para la peregrinación del 15 de agosto, ¡se pudieron contar nada menos que 24 curaciones! Podemos imaginar el entusiasmo que suscitó en el pueblo cristiano el “fenómeno Lourdes”.

Pero este entusiasmo no podía ser general: en la prensa liberal, libre pensadora, eco de la masonería, se puso en duda la realidad de las apariciones y de las curaciones, denominándolas “fruto de mentes exaltadas”. Así que para no dejar lugar a la duda y siguiendo su prudencia secular, la Iglesia, desde el comienzo de las apariciones, practicó un discernimiento escrupuloso de los milagros.

Recordemos un poco los hechos y veamos cómo y según qué criterios se hizo y se sigue haciendo este discernimiento, garantía de la autenticidad de los milagros.

Los primeros milagros

Catalina Latapié tenía 38 años. Vivía en un pueblo a seis kilómetros de Lourdes. Dos años antes, Catalina se había caído de un árbol y había sufrido una luxación del hombro derecho. Uno de sus brazos había quedado completamente paralizado, lo cual constituía un impedimento muy grande para una mujer campesina de aquella época. La noche del 28 de febrero de 1858 se despertó y tuvo, como dijo ella, una “moción interna” que la empujó a ir a la gruta. Llegada ahí, puso la mano en el agua y pronto recobró la movilidad de su brazo.

Tres días después ocurrió otra curación. Luis Bouriette era ciego. Había perdido la vista veinte años antes, trabajando en una cantera, al recibir en los ojos unos fragmentos de piedra a causa de una explosión. Llegado a la gruta empujado por su hermana, desconfiado y sin fe, se puso un poco del agua todavía fangosa en los ojos. Recobró la vista inmediatamente.

La tercera curación habría de ocurrir el 6 de julio. Justin Bouhort tenía dieciocho meses. Los médicos no le daban ninguna esperanza de vida; con todo, su madre hacía todo lo posible para mantenerlo con vida. Escuchando hablar del caso de Luis Bouriette, fue a la gruta con su hijo y lo sumergió en el agua helada (que varía entre 10 y 12 grados). A su alrededor la gente observaba espantada: “¡Nunca saldrá vivo!” Pero, al contrario, Justin salió lleno de vida, de tal manera que pudo asistir a la canonización de Santa Bernardita en 1933…

Los primeros reconocimientos

Nos podemos imaginar, evidentemente, el interés y la preocupación que estos hechos fueron a suscitar en las autoridades religiosas y civiles. Además, después de producirse estas curaciones, se sucederían muchas otras más; tanto, que se iba a hablar de una ¡“epidemia de curaciones”! Por este motivo, Monseñor Laurence, Obispo de Tarbes (la diócesis en la cual está Lourdes), desde fines de julio del año 1858 se encargó de organizar una comisión médica para comenzar a autentificar estas supuestas curaciones.

El director de dicha comisión era el Profesor Vergez, docente de la Facultad de Montpellier, especialista de la medicina termal. Ante todo el profesor se ocupó de analizar el agua, para establecer si tenía alguna propiedad en particular: y descubrió que… no tenía ninguna (para desgracia del alcalde de Lourdes, que pensaba hacer un buen negocio con su comercialización…). Después, el mismo profesor citó a todos los curados para examinar los y enviar los resultados al obispado. Las conclusiones fueron tan concluyentes, que Monseñor Laurence, después de haber aprobado las apariciones el 18 de enero de 1862, no dudó en decir: “Estas curaciones son milagros: veo en ella el dedo de Dios”.

Control médico de las curaciones

Ante la multiplicación de las curaciones, la Iglesia iba a seguir solicitando el juicio de médicos especialistas, en aras de formarse una idea exacta respecto a los hechos. En 1883 se creó la Oficina de Comprobaciones Médicas, la cual aún hoy existe, cuya seriedad y rigor son reconocidos en el mundo entero. Esta Oficina incluye un médico permanente, que recibe las declaraciones de los que piensan haber sido curados por Nuestra Señora de Lourdes, así como todos los médicos o profesionales de la salud que quieran dar su opinión sobre cualquier caso. La Oficina tiene por función verificar si la curación fue real y si no hay una explicación natural.

Discernimiento del milagro

Estos criterios (detallados en el anexo más abajo) son muy severos, y permiten comprender por qué, de las siete mil curaciones declaradas en Lourdes a lo largo de un siglo y medio, sólo 67 fueron reconocidas como milagros. La Iglesia Católica no hace las cosas a la ligera. Un ejemplo llamativo de esta prudencia fue el último caso de un milagro reconocido.

Nacida en 1912, la italiana Anna Santaniello estaba gravemente enferma: tenía problemas graves de corazón a causa de un reumatismo articular agudo; presentaba una disnea intensa y persistente (dificultad para respirar), importando impedimento para hablar, imposibilidad de caminar, crisis muy fuertes de asma, cianosis facial (coloración azulada de la piel por falta de oxigenación) y un edema en los miembros inferiores.

El 16 de agosto de 1952 fue en peregrinación hacia Lourdes. Durante la estadía fue cuidada continuamente. El 19 de agosto la llevaron hacia las piletas en una camilla. Salió del agua por sus propios medios y a la noche pudo participar en una procesión con antorchas.

Al día siguiente, 20 de agosto, varios médicos italianos la examinaron: en ese momento ya mantenía un pulso regular, mientras que la cianosis y la disnea habían desaparecido. Como el edema había retrocedido mucho, la enferma podía caminar sin dificultad, dormir profundamente, y había recuperado el apetito, el cual había perdido desde hacía mucho tiempo.

Al regresar a su patria, Anna pudo bajar sola del tren. El 29 de agosto fue examinada por dos médicos de su ciudad (Génova), quienes comprobaron la curación. Ahora bien: ¡todavía iban a pasar más de cincuenta años antes de que la Iglesia reconociera el milagro! Recién el 9 de noviembre de 2005, después de muchos exámenes médicos, la curación de Anna fue reconocida oficialmente como milagrosa.
Hoy en día, Anna Santaniello tiene ya 95 años y aún goza de buena salud.

¿Por qué no se curan todos?

¡He aquí una pregunta muy común, que nos hacen a menudo los incrédulos! Sin embargo, entraña olvidar que los milagros físicos, las curaciones corporales no son lo principal.

Más importante que el cuerpo es el alma. Más graves que las enfermedades corporales son las espirituales. Como dijo Nuestro Señor Jesucristo: “No temáis a los que matan al cuerpo y después de esto nada pueden hacer… temed a Aquél que después de haber dado la muerte, tiene el poder de arrojar en la Gehenna” (San Lucas, 12, 4). La incredulidad, el odio, la soberbia, la avaricia, y todos los vicios que pueden llevar el alma al infierno: éstos son los males más graves de la vida presente.

Ahora bien, a lo largo de la historia de Lourdes, nadie se acercó a la gruta sin haber recibido alguna gracia de curación espiritual. ¡Cuántas conversiones en esta tierra bendita!, ¡cuántos incrédulos vueltos a la fe católica!, ¡cuántos propósitos de llevar una vida más santa, más sacrificada, más orientada hacia la eternidad! ¡Cuántas almas arrancadas de las garras del demonio y del infierno!

He aquí el más grande de todos los milagros que se realizan en Lourdes: al acercarse a la gruta bendita, todos reciben las gracias que brotan eternamente del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, cuya mediadora es su Santísima Madre. Ella nos espera siempre en la santa gruta para colmarnos con sus bendiciones y ayudarnos así a alcanzar la vida eterna, donde nos aguarda junto con todos los Santos. Nuestra Señora de Lourdes, ¡ruega por nosotros!

Padre Jean-Michel Gomis


ANEXO:

Criterios para discernir la autenticidad de un milagro

¿Cuáles son los criterios para discernir la autenticidad del milagro? Sobre este tema la Iglesia Católica es muy prudente, y tiene razón de serlo. Desde el año 1908, por pedido de la autoridad eclesiástica, se siguen los siete criterios fijados por Benedicto XIV (Papa desde 1740 hasta 1758), los cuales son muy exigentes:

1) La enfermedad debe ser grave, y debe tener, además, un pronóstico desfavorable.

2) Debe ser conocida por la medicina.

3) Debe ser orgánica, refiriéndose a alguna lesión, o sea debe tener criterios objetivos, biológicos y radiológicos. No se reconocerán las enfermedades psíquicas o nerviosas.

4) No debe haber tratamiento alguno que haya interferido en la curación. Este criterio no es fácil de corroborar y requiere un trabajo médico importante.

5) La curación debe ser súbita, inmediata, instantánea, sin convalecencia, lo que nunca se observa en medicina.

6) No debe consistir sólo en una aminoración de los síntomas, sino en el restablecimiento de todas las facultades vitales.

7) Debe tratarse de una curación definitiva.