"Madre del amor hermoso y de la santa esperanza"

Ayudemos a las benditas Ánimas del Purgatorio, ya sean de nuestros parientes o desconocidos: por toda la eternidad nos lo agradecerán.

Con este bello título se dio a conocer a Santa Brígida la misma reina de los cielos.

Ego sum ‒dijo– Mater omnium qui sunt in Purgatorio: quia omnes pœnæ quæ debentur purgandis, propter preces meas mitigantur” (revel. 1. 4, c. 138): “Yo soy la madre de todos los que están en el Purgatorio, porque mis súplicas alivian sus penas”.

Y en verdad que si los santos que gozan de Dios pueden aliviar con sus oraciones a los que padecen en aquel lugar de dolor, ¿quién se atreverá ni aun a sospechar que esta prerrogativa no competa en grado eminente a la reina de todos los Santos? Refiere San Pedro Damiano (Opusc. 34, part. 2 cap. 3) la aparición de un alma del Purgatorio, la cual aseguró que en la fiesta de la asunción libraba la Santísima Virgen más almas del Purgatorio que habitantes tiene Roma. Añade además lo que ocurrió a un sacerdote, a quien fue concedido ver una admirable escena en la Basílica de Santa Cecilia, y pasó de esta manera:

Parecióle que despertándole un amigo, muerto poco antes, le rogaba que le acompañase, y le condujo al templo de Santa Cecilia, donde habiendo entrado vio que un coro de vírgenes, entre ellas las Santas Cecilia, inés y Águeda, preparaban un graciosísimo solio a la Madre de Dios, la cual, acompañada de ángeles y de cierto número de bienaventurados, se dejó ver muy luego y ocupó el preparado trono. La majestad que, templada con celestial dulzura, aparecía en el semblante de la gran Señora, al paso que llenaba de gozo a los ángeles, a los santos y a las vírgenes, los tenía también en reverente y obsequioso silencio. Cuando he aquí que comparece una mujer pobremente vestida, pero abrigada al mismo tiempo con una esclavina de precio. Postróse humildemente a los pies de la Santísima Virgen, y con las manos en actitud suplicante empezó a decir llena de ternura:

Madre de las misericordias, os ruego por vuestra piedad maternal que os compadezcáis del pobre Juan Patricio, muerto poco ha. ¡Padece tanto en el Purgatorio!...”

Por tres veces, y siempre con acento más interesante, repitió la súplica, sin merecer respuesta alguna. ella, entretanto, sin desanimarse y alzando más la voz, añadió:

Bien sabéis, ¡oh piadosísima Señora!, que yo soy aquella pobre que pedía limosna a la puerta de vuestra Basílica mayor, donde pasaba buenos fríos durante el invierno, pues no tenía otro abrigo que el de estos harapos que ahora llevo, y que llegando Juan y pidiéndole limosna en vuestro nombre, en ocasión justamente que me veía tiritar de frío, se quitó esta esclavina de sus hombros y me abrigó con ella: tanta caridad hecha por amor vuestro merece alguna indulgencia”.

La Madre de misericordia, para cuyas entrañas era ya mucho hacer repetir tanto una súplica, mirando a la suplicante dijo:

El hombre por quien ruegas es reo por sus muchos y graves pecados de larga pena, mas porque tuvo dos virtudes especiales, la misericordia para con los pobres y la devoción a mis altares, cuidando de su aseo y suministrando aceite para que estuviesen iluminados, quiero usar con él de misericordia”.

Y a la orden de que Juan compareciese ante la santa comitiva, apareció luego un escuadrón de espíritus infernales, y en medio de ellos el reo Juan Patricio, duramente atado con diabólicas ligaduras. Mandó entonces que rompiéndole las cadenas le dejasen en libertad, para que pudiera reunirse a los bienaventurados. Obedecieron, y desaparecieron. Juan, incorporado al sagrado coro, se vio envuelto de una celestial nube, desapareciendo así a los ojos del buen sacerdote. Tal impresión hizo a éste aquella visión, que en lo que le duró la vida no cesó de predicar: “Quanta esset clementia Beatissimæ Virginis erga purgantes animas, quæ in vita devota ipsi obsequia præstiterunt”. Esto es:

Cuánta fuese la clemencia de la Santísima Virgen para con aquellas almas del Purgatorio, que durante la vida procuraron honrarla con devotos obsequios”.

Carlos Rosignoli, S.J.
“Maravillas de Dios con las Almas del Purgatorio”