FSSPX Actualidad

Conferencia del Padre Stehlin en el encuentro de jóvenes de Alta Gracia (Parte 1)

Agosto 18, 2017
La Santísima Virgen entrega su mensaje a los pastorcitos

El 22 de julio en el encuentro de jóvenes de Alta Gracia, Córdoba, el Padre Stehlin dio una conferencia extraordinaria sobre la actualidad del mensaje de nuestra Señora de Fátima. Transcribimos en extenso la primera parte de dicha conferencia.

Actualidad del mensaje de la Santísima Virgen de Fátima

Dios mismo y la Santísima Virgen por el gran milagro del sol del 13 de octubre de 1917, muestran a todo el mundo que Fátima es la aparición de la Santísima Virgen para los últimos tiempos.

Todas las anteriores apariciones, toda la doctrina sobre la Santísima Virgen –la mariología– y también las enseñanzas de los Doctores y de los Padres de la Iglesia; todo, halla su culmen en el misterio de Fátima. Fátima es un catecismo para los últimos tiempos, y la maestra de ese catecismo es la misma Santísima Virgen.

Quiero presentar los temas esenciales del mensaje de la Santísima Virgen, la actualidad de Fátima, porque tiene una relación íntima con nuestro corazón, con nuestra vida.

Primera lección del mensaje: Dios es el centro

Las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima comienzan con la primera aparición del ángel que presenta el principal objetivo que es Dios, la majestad de Dios. El reino de Dios es el centro, el centro del mundo, el centro de toda nuestra vida. Esto es muy importante porque el mensaje del mundo, el mensaje del comunismo, el mensaje del liberalismo, es el hombre: el paraíso del hombre sobre la tierra; son los placeres. Es una demagogia, una ilusión de cada día que por los celulares, los youtubers y otros medios, tocan sin cesar nuestra cabeza y nuestro corazón para destruirlos.

Por eso su actualidad: Fátima es un catecismo. En primer lugar, Dios es el centro de nuestra vida, en segundo lugar, es la Santísima Virgen. Las primeras palabras de la Santísima Virgen: soy del cielo, son la promesa del cielo para los niños y para sus amigos: – ¿Y yo puedo ir al cielo? –Sí, sí puedes. Sí irás.

Es la promesa de la Santísima Virgen de Fátima en su primera aparición: una perspectiva de eternidad, la perspectiva que podemos definir como “perspectiva vertical” de este mundo hacia la eternidad; del tiempo hacia la eternidad; del valle de lágrimas hacia el gozo del cielo. Es un catecismo muy importante, muy fuerte, porque tanto en el mundo como también en la vida espiritual de los modernistas, de los protestantes, de los carismáticos, etc., todo es para el hombre. En la Santísima Virgen todo es para Dios.

Segunda lección del mensaje: El fin último del hombre

La segunda lección de la Santísima Virgen en Fátima es el fin último del hombre: El Cielo, el Purgatorio y el Infierno. La terrible y espantosa visión del 13 de julio es una respuesta de la Santísima Virgen cincuenta años antes de la catástrofe del modernismo. El modernismo, el Concilio Vaticano II no habla de “los fines”, solamente dice que todos irán al cielo. Y eso es una mentira, eso es terrible. Eso es una ofensa terrible contra la Revelación de Nuestro Señor que dice otra cosa. Y la visión del infierno que es tan importante, nos enseña qué es nuestra vida sobre la tierra. Por eso el mensaje de Nuestra Señora de Fátima es sumamente importante como guía de nuestra vida cotidiana para no olvidar nunca que la verdadera vida no es la de este mundo. Ella sólo es la preparación para la eternidad.

Tercera lección del mensaje: Importancia de la conversión de los pecadores

Como consecuencia de esta segunda lección de la Santísima Virgen, inmediatamente tenemos la tercera lección que nos enseña en todas las apariciones, desde la primera del ángel hasta la última de la Santísima Virgen en Tuy para pedir la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado: es el sentido y la importancia de la conversión de los pobres pecadores, Tomad el cuerpo y bebed la sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes. Consolad a vuestro Dios. La oración del ángel es una oración también muy profunda e importante, y en las últimas palabras dice por los méritos infinitos de su sagrado corazón y del inmaculado corazón de María os pido la conversión de los pobres pecadores.

La Santísima Virgen en cada aparición pide la conversión de los pobres pecadores. La visión del infierno tiene una gran importancia para el cambio interior de los pastorcitos que en unos minutos -o en unas horas-, de niños normales, pecadores, sin una devoción excepcional se harán santos. El pequeño Francisco quería consolar a Dios. Jacinta hablaba de mis pobres pecadores. La conversión de los pobres pecadores será la vida del pequeño fuego que se llama Jacinta. Y toda su vida se dedicará siempre a la conversión de los pobres pecadores. La conversión es todo en Fátima. Es claro: la Santísima Virgen muestra el infierno y Lucía después muchísimas veces explica: 

tantas, tantas almas irán al infierno, y para salvar a las almas la Santísima Virgen ha venido a Fátima, para ser la última ayuda. Es la Madre que ama a sus hijos totalmente, completamente perdidos por la atmósfera sucia de este mundo de la francmasonería, del liberalismo, de la negación práctica del fin último y pide a sus hijos que lleguen a su Corazón Inmaculado. En este corazón hallarán la salvación”.

Es el último medio y por eso debemos nosotros como jóvenes, como católicos, entender el grito de la Santísima Virgen en Fátima pidiendo la conversión de los pobres pecadores.

En Fátima Ella presenta al enemigo -como los errores de Rusia- y es muy importante entender que la Santísima Virgen no solamente habla en general sino que muestra de manera precisa dónde se hallan los enemigos. Y esos enemigos, como sabemos todos, son el error, las blasfemias. Por eso después la Santísima Virgen presenta su devoción a los cinco primeros sábados de mes para consagrar la devoción al Inmaculado Corazón de María. ¿Y por qué cinco? Cinco blasfemias, cinco caminos que empujan a la gente hacia el infierno, hacia el demonio. Y por eso es muy importante para nuestra vida sentir y saber que es una lucha, y que esta lucha es por la conversión de los pecadores. Y en ese momento debemos dar una respuesta.

La Santísima Virgen el 19 de agosto hizo un pedido: es un deseo, una muy importante vocación para cada uno que dice: rezad mucho, haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas van al infierno por no tener quién se sacrifique y rece por ellas. No debemos solamente ver que la conversión de los pobres pecadores es un elemento esencial de Fátima, sino también entender que la Santísima Virgen se halla delante de mí y me habla a mí mismo: “reza mucho, haz sacrificios. Tú tienes la responsabilidad de la salvación de un gran número de almas. Sin tu compromiso esas almas irán al infierno. Con tu colaboración esas almas estarán en el gozo de la eternidad.” Eso es la conversión. Es el tema principal en Fátima.

La conversión de los pobres pecadores será la vida de Jacinta. La consolación es el ejemplo de Francisco

Cuarta lección del mensaje: La necesidad de la reparación

La cuarta lección es la reparación. Como dijo el ángel en la famosa comunión mística durante la tercera aparición: reparad sus crímenes. Es la reparación de los crímenes: consolad a vuestro Dios. Consolación y reparación son siempre presentados como una unidad. La consolación es el ejemplo de Francisco. Francisco ha recibido esa gran gracia para comprender que procurar la conversión de los pecadores es amar al prójimo. Como he dicho, Fátima es el catecismo, muy actual, de la Santísima Virgen. Es el catecismo para los últimos tiempos, para nuestros tiempos. La Santísima Virgen misma es nuestra maestra que nos enseña cómo amar al prójimo. Amar al prójimo es obrar por su conversión. Rezar por el prójimo, sacrificarse por la conversión de las almas y enviarlos a los pies de la Santísima Virgen, o mejor, dentro de su corazón. Esa es la verdadera conversión.

Consolar a Dios es fruto del amor perfecto. Amar a Dios es buscar el bien de Dios, la honra de Dios. Consolar a Dios, ¿qué es eso? La reparación es la palabra clave de Fátima. Cada pecado –y esto es muy importante para cada uno de nosotros, porque somos pecadores, y el pecado, ayer, hoy y mañana, es la catástrofe, lo único espantoso de mi vida– cada pecado, cada pecado mío, es como una espina que el hombre clava en el Corazón Inmaculado de María y en la cabeza de nuestro Salvador. Como todos cometemos pecados innumerables, la única manera de demostrar nuestro verdadero arrepentimiento y amor es tratar de sacar delicadamente estas espinas consolando a nuestro Señor y a nuestra Señora con una profunda compasión. Y así reparar el daño que le hicimos a nuestro Señor, a nuestra Señora y, también, a nuestras propias almas. La noción de reparación es muy importante: reparar es amar a Dios, que un pecador ame a Dios. No puedo por un pecado clavar una espina dentro del corazón de la Inmaculada y después decir “oh Inmaculada, yo te amo, te quiero, todo está bien”. Eso es imposible. Si tengo un amigo, un buen amigo y en un momento le doy un golpe y luego le digo “amigo, ¿cómo estás? Bebamos una cerveza”, el amigo responderá: “¿Ves aquí esto negro? ¡Son tus golpes!”. No se puede. La primera reacción si he ofendido a mi amigo será decirle: “perdón, soy un tonto, un loco, te pido perdón y quiero por todos los medios mostrarte que estoy muy triste de haber hecho esa tontería, esa locura”. Eso es nuestra vida… pedir perdón es humildad, pedir perdón es un acto del amor si deseamos estar unidos profundamente entre nosotros, porque somos pecadores. Lo mismo para con Dios, para con la Santísima Virgen. Esa es la idea de la reparación, sólo que mucho más alta porque nosotros somos hombres y la Santísima Virgen es nuestra Reina, nuestra Madre celestial y nuestro Señor es Dios. Por eso la reparación después de nuestros pecados debe ser algo muy delicado y eso es entender qué es amar a Dios. No es decir “oh Dios mío” y hacer un acto de contrición sólo de palabra. Pero si veo el Corazón Inmaculado como aparece en Fátima –de otra manera que como aparece en las imágenes con una corona de rosas– en Fátima tiene una corona de espinas. Son espinas que el hombre clava en el Corazón Inmaculado. Si meditamos qué es el pecado, será suficiente ver al Corazón Inmaculado y verme a mí mismo con la espina en la mano. Es espantoso. No puedo ofender a la Santísima Virgen, herir su Corazón Inmaculado que es todo amor. Es ahí, entonces, que el amor a Dios empieza. Esa es la importancia de la reparación, reparar supone el amor de Dios de un pecador que desea sinceramente cambiar su vida.

Otro modo de reparación, por medio de los actos más consoladores, es traer otros pecadores a los pies de la Santísima Virgen. Ella quiere a todos los pecadores, no solamente a nosotros. La Santísima Virgen recibe las espinas por mis pecados -por eso realizo mi acto de contrición- pero debo también ver que la Santísima Virgen cada día recibe millones de espinas por los pecados de millones de personas. Por eso la Santísima Virgen pide: “tú, amigo mío, que entiendes el amor de mi corazón haz el esfuerzo para que un pecador menos clave espinas en mi corazón. Trabaja por su conversión.” De aquí que conversión y reparación sean dos temas que están unidos. Todos los temas en Fátima están vinculados. Y eso es muy importante.

Quinta lección del mensaje: Nuestra vida en esta tierra es una guerra

Otro principio, otra lección de Fátima, es la comprensión de la razón de nuestra vida sobre la tierra. Somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo, de la Santa Iglesia Católica. Todas las apariciones de Nuestra Señora, no solamente Fátima sino todas, se basan en el hecho de que sus hijos en la tierra viven en una guerra constante, porque desde el pecado original el diablo estableció su tiranía en este mundo para mantener a todos los seres humanos alejados de la gracia de Dios y conducirlos a su eterna condenación. Eso es la obra, la Civitas Diaboli, la ciudad del Diablo, del demonio. Vivimos en una guerra constante desde el pecado original, cuando el hombre se entregó al demonio como su servidor, y el diablo estableció su tiranía. Tiranía del diablo son todas estas instituciones: el paganismo, las falsas religiones, las ideologías, la masonería, el comunismo, el liberalismo, el hedonismo, los placeres del mundo; todo tiene el mismo fin: mantenerte a ti y a los demás hombres alejados de la gracia de Dios para conducirlos a su eterna condenación. Sin embargo nuestro Señor Jesús vino del cielo para destruir el poder de Satanás, liberarnos de las cadenas del pecado y abrirnos de nuevo el camino al Cielo. Hay entonces dos ciudades, por cuanto nuestro Señor estableció su reino en la tierra que es la Santa Iglesia Católica, nuestra madre. Desde aquel entonces la guerra continúa entre las dos ciudades, las dos banderas, y cuanto más cerca está el final, más terrible es esta guerra. Es muy importante, es la lección del Apocalipsis, es la lección de la doctrina sobre los últimos tiempos en la santa teología. Y porque estamos en los últimos tiempos debemos saber que casi hemos perdido. Para los últimos tiempos Nuestro Señor anunció una victoria casi total del enemigo antes de su definitiva derrota. Es una lección muy importante: una casi total victoria del demonio en toda la tierra. Todas las naciones, toda la gente bajo los principios del demonio dice: “no quiero servir a Dios, non serviam” y “ustedes, hombres, seréis como dioses.” Esos son los principios del demonio, y esos principios gobiernan en este momento todo el mundo, todas las ciudades, cada país y cada institución. Es una verdad terrible, espantosa, pero es verdad.

Nuestra última esperanza: El Corazón Inmaculado de María

En estos tiempos nuestro Señor da al mundo una última esperanza. La mujer del Apocalipsis, el Corazón Inmaculado de María. Es por eso que Ella misma, nuestra Señora, viene a ayudar a sus hijos que se encuentran en la mayor necesidad. ¡Eso es Fátima! En Fátima Ella nos da los últimos medios, como dice Lucía, los últimos medios para superar el ataque final del diablo y ganar la batalla. ¡Sin Fátima estamos perdidos! Fátima es una realidad. El milagro del sol es una realidad muy importante para hacernos comprender a la Santísima Virgen hoy como cien años antes y hasta el fin del mundo. Fátima nos da los últimos medios, y las armas son el rosario y la devoción a su Inmaculado Corazón. Uno no puede entender las palabras de la Santísima Virgen si no tiene en mente esta batalla constante, sus peligros terribles y la necesidad de emplear constantemente todos los medios que Ella nos da. Si no, entenderemos Fátima como los modernistas. Para los modernistas, para el papa Francisco, Fátima es la canonización de los niños, Fátima es la Santísima Virgen. Muy bien, muy bien, pero ninguna palabra de la verdadera lección de la Santísima Virgen de Fátima. ¡Nada!, ¡Nada! Estamos en peligros terribles y eso es muy importante comprenderlo, queridos jóvenes, porque mañana por la tarde [al regresar a sus casas] en este mundo –el mundo pacífico, el mundo maravilloso del celular, de las últimas películas de Hollywood– todo es fascinante. ¡Fascinante y diabólico! Es así. Son las dos ciudades: ¡debemos luchar! Esa es la lección constante de Fátima. Los niños, esos pequeños niños ¡son soldados!, ¡son cruzados del Corazón Inmaculado en primera fila! Son niños y la Santísima Virgen quiere mostrar que un pequeño niño que no sabe leer, que apenas sabe rezar algunas pequeñas oraciones, ¡un niño, es un santo! Y si un niño es un cruzado del Corazón Inmaculado en primera fila, si es como un general, ¡tú –joven inteligente– también lo debes ser!