FSSPX Actualidad

La pereza vs. la Navidad

Diciembre 29, 2017
"La luz brillará hoy sobre nosotros: porque nos ha nacido el Señor, y será llamado Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del siglo venidero: cuyo reino no tendrá fin" (Introito de la Misa de la Aurora).

El espíritu de la Navidad viene a combatir al tibio y mundano espíritu que reina en el siglo. Reconozcamos uno de los vicios que más se oponen a todo cuanto significa este tiempo litúrgico de la Navidad.

Mis queridísimos fieles:

En este mes de alegría en que nuestras casas se adornan preparando las fiestas de la Natividad del Señor, con el Pesebre, con las guirnaldas, con el Árbol de Navidad. Y en nuestro país con mayor razón debido a la novena tan extraordinaria que nos dejaron nuestros antepasados, y que no es con otro fin sino el de que tengamos en cuenta que Dios hizo esta magnífica obra de la Redención por nuestro bien, por nuestra causa, por nuestra salvación; debemos de pensar y me gustaría reflexionar sobre un vicio, un mal hábito, que nos ataca y que es muy contrario a la Fiesta de la Navidad. Ese vicio está muy extendido en nuestra sociedad y en nuestras mismas familias. Y no es ni más ni menos que la PEREZA.

Si Nuestro Señor hubiera dejado para otro momento, o para más adelante el salvarnos, el redimirnos, no existiría la Navidad. La Navidad es la bondad de Dios puesta por obra, es la gracia más grande que Dios nos pudo haber dado, y podía Él perfectamente haberse quedado tranquilo en el Cielo y habernos dejado vivir con el pecado original y buscarse otro modo de ayudarnos menos trabajoso. Pero Dios no lo hizo así porque Él es perfecto y muy generoso. Por eso bajó y se hizo hombre y padeció muchas tribulaciones y sufrimientos por nuestra salvación. ¿No podremos nosotros darle una gota de nuestro sudor para agradecerle de ese modo todo lo que nos dió con este gran Misterio?

Por eso es que la pereza es tan contraria a la Navidad. Es lo opuesto a ella. Dios aborrece las pérdidas de tiempo y la ociosidad, por eso, ¿cómo siendo sus hijos podemos regalarle a cambio de sus esfuerzos la vagancia de nuestro día? Examinémonos. Cambiemos nuestro modo de obrar y seamos diligentes sin perder ni un minuto de nuestro tiempo porque “el tiempo es Cielo”.

Nuestro tiempo es algo de lo que deberemos dar mucha cuenta en el día de nuestro Juicio. Dios nos preguntará en que perdimos o aprovechamos los minutos de nuestra vida. ¿Qué diremos? ¿Cuál será la excusa que le pondremos? Porque nuestra vida está llena de excusas, de “peros” y de “esques”. Meditemos el fundamento de las que le vamos a presentar a Nuestro Señor el día en que nos toque enfrentarnos cara a cara con Él. Y si lo hacemos con objetividad nos daremos cuenta que son excusas sin ningún valor.

"Todos los confines de la tierra vieron la salud de nuestro Dios" (Comunión de la Misa del Día de la Natividad del Señor).

La pereza y las pérdidas de tiempo muchas veces no son el "estar sin hacer nada", son en la mayoria de los casos el hacer cosas que no tienen ningún valor de eternidad. No digo que no haya diversiones, como cables a tierra que debemos de tener para no explotar, pero debemos de darle su tiempo a esas distracciones. No debemos pasar la vida distrayéndonos, divirtiéndonos. Por ejemplo: el tiempo que perdemos en la TV. Es increíble. Si sumáramos día tras día todo el tiempo perdido delante de la caja tonta saldrían varios años de nuestra vida. El internet, las redes sociales, las conversaciones vanas, son muchos modos de perder el tiempo en este mundo moderno, y un católico no debe vivir con los mismos principios e ideales de este mundo. Todo lo contrario, debemos de oponernos a ellos. Y por lo tanto oponernos a ese ocio que predica este mundo. Hoy se levantan “catedrales” del ocio, que es lo que son los centros comerciales, pero las Iglesias se vacían.

El diablo anda buscando como devorarnos y nosotros sin apenas darnos cuenta le dejamos hacer y deshacer en nuestra vida por el lujo que le damos entregandonos al ocio y a la pereza.

Además, mis amadísimos hermanos, la pereza es madre de muchos otros vicios, desde que nos entregamos a ella caemos en las locuras más grandes, que son precisamente las "hijas" de este vicio radical. La más importante de todas es la lujuria, porque el diablo, a sabiendas de que nosotros no estamos con nuestros horarios bien concretos y arraigados en la firmeza de esa continua actividad, bien sea material o espiritual, aprovecha y "nos hace hacer" las cosas que a él más le gustan, que son los pecados.

Mis amadisimos hermanos, el tiempo de Navidad debe ser tiempo de hacer algún regalo al Niño Dios. ¿Material? No. Mejor propósitos de vida.

Hagamos un horario en nuestro día a día, para así no perder el tiempo, poniendo nuestros deberes de estado, obras de piedad y nuestras responsabilidades para con los demás (familia, etc...).

Y sobre todo no perdamos el tiempo que eso es robar a Dios, que nos lo da para hacernos santos.

Feliz y Santa Navidad y Santo Año 2018 les desean sus sacerdotes del Priorato.