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Una luz rojo sangre anuncia la Segunda Guerra Mundial

Agosto 25, 2017
La entrada de las tropas germanas en Polonia dio inicio a la Segunda Guerra Mundial.

Las profecías cumplidas del segundo secreto de Fátima

En el ciclo de las seis apariciones de la Santísima Virgen en Fátima desde mayo hasta octubre de 1917, la del 13 de julio es la más importante. En este día la Madre de Dios confió a los tres pastorcitos un gran secreto y les mandó no revelarlo a nadie. Los niños videntes guardaron fielmente este secreto compuesto de tres partes. A pesar de las amenazas de muerte que los niños de 7, 9 y 10 años soportaron durante su secuestro en agosto de 1917 a manos de los funcionarios masones del gobierno, no revelaron el secreto.

Recién después de 24 años, en 1941, Lucía, que entretanto había abrazado la vida religiosa, tomó la pluma por obediencia a su Obispo, y redactando su tercera y cuarta Memoria, puso por escrito la primera y segunda parte de dicho secreto. Por orden del Papa Pío XII fueron publicadas ambas partes en 1942, con ocasión del jubileo de los 25 años de las apariciones.

La primera parte —como Sor Lucía escribe en su tercera Memoria— fue la visión del infierno (…) La segunda parte del secreto se refiere a la devoción al Corazón Inmaculado de María”.

La tercera parte debería haber sido publicada antes del año 1960. El Vaticano la dio a conocer recién el 26 de julio de 2000. Sin embargo, según las apariencias, el tercer secreto ha sido dado a conocer sólo parcialmente.1 A través de diversas alusiones, se sabe con certeza muy cercana a la seguridad absoluta, que trata de la fe católica, la cual entrará en una profunda crisis, a la que finalmente, gracias al venidero triunfo del Corazón Inmaculado de María, seguirá un gran resurgimiento de la fe. En la parte publicada se describe el castigo por la gran apostasía.

El segundo secreto de Fátima

El 13 de julio 1917 la Virgen Santísima mostró a los tres niños videntes la atrocidad del infierno. Luego María dijo a Lucía:

Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hace lo que yo os diré, muchas almas se salvarán y se tendrá la paz. La guerra terminará; pero si no se cesa de ofender a Dios, bajo el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar el mundo de sus crímenes por la guerra, el hambre y las persecuciones contra la Iglesia y contra el Santo Padre.

“Para impedir eso vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados de mes. Si se escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y se tendrá la paz. Si no, ella [Rusia] propagará sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas.

[Aquí sigue el tercer secreto].

“Pero finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará, el Santo Padre me consagrará Rusia que se convertirá, y un tiempo de paz será dado al mundo. En Portugal se
conservará siempre el dogma de la fe, etc. (sic). No di gáis esto a nadie; a Francisco podéis decírselo”.2

Algunas de estas profecías se han realizado ya exactamente: la Primera Guerra Mundial, en la cual también Portugal había sido envuelto, terminó al año siguiente, en 1918. “Otra peor”, la Segunda Guerra Mundial, estalló en 1939, anunciada “por una noche iluminada por una luz desconocida”. Con sus apariciones en Pontevedra el 10 de diciembre de 1925 y en Tuy el 13 de junio de 1929, la Santísima Virgen cumplió sus palabras de volver a venir “para pedir la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados de mes”. Como el pedido por la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María está aún pendiente,3 Rusia ha podido “propagar sus errores por el mundo...” Todo el mundo occidental es actualmente el escenario de una revolución cultural, maquinada con todo refinamiento, con la meta de derrumbar por entero el edificio de los valores cristianos.

  • 1. Cfr.: Calderón, Álvaro: “El cuarto secreto de Fátima”, en: “Iesus Christus”, Revista del Distrito América del Sur de la Fraternidad San Pío X, Buenos Aires, año XVIII, Nº 111 – mayo / junio de 2007, pág. 15-20.
  • 2. Frère François de Marie des Anges: “Fatima, Joie Intime, Événement Mondial”, Saint-Parres-lès-Vaudes 21993, [en adelante: FJIEM] pág. 61.
  • 3. Cfr.: Mura, Gérard: “Fátima – Roma – Moscú, La consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María aún está pendiente”, Santiago de Chile 2005.
Pío XII rezando ante el pueblo en un barrio periférico de Roma, durante la guerra.

¿Bajo qué pontificado?

El jesuita belga Édouard Dhanis, que como profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma aprovechó toda su autoridad moral para frustrar la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María,1 planteó la siguiente objeción para desacreditar la credibilidad del mensaje de Fátima:

En el segundo secreto hay un error, pues la Segunda Guerra Mundial no estalló bajo el pontificado de Pío XI sino bajo el reinado de Pío XII. Pío XI, quien es mencionado expresamente por María, ya había muerto el 10 de febrero de 1939. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial empezó siete meses más tarde, el 1º de septiembre de 1939, bajo el pontificado de Pío XII, que fue elegido Papa el 2 de marzo de 1939.

El Padre Hubert Jonggen SMM, un sacerdote montfortiano holandés, con ocasión de una entrevista con Sor Lucía el 6 de febrero de 1946 abordó esta dificultad e interrogó a la vidente de Fátima:

— ¿La Virgen pronunció realmente el nombre de Pío XI?

— Sí, pero en este entonces no sabíamos si era un Papa o era un Rey. La Virgen habló de Pío XI.

— Pero la guerra no comenzó bajo Pío XI.

— La anexión de Austria fue el motivo decisivo. Al firmarse el Pacto de Munich, mis compañeras se pusieron contentas diciendo que la paz estaba segura. Pero yo lo sabía mejor”.2

La respuesta de la vidente no es para nada una hábil escapatoria. El juicio de la vidente sobre el momento del verdadero comienzo de la Segunda Guerra Mundial coincide con el de varios historiadores.3 El 12 de febrero Adolf Hitler constriñe al Presidente de la República de Austria, Kurt von Schuschnigg, a instituir al nacionalsocialista Arthur Seiss-Inquart como Ministro de Interior. El 12 de marzo de 1938 las tropas alemanas entran en Austria. Seiss-Inquart, quien entretanto llegaba a ser Canciller Federal, llevó a cabo el “Anschluss de Austria” a Alemania. Aunque esta unión de Austria con el Tercer Reich se verificó sin resistencia militar, el Anschluss es comúnmente considerado como una auténtica anexión de este país por Alemania.

Agitado por la manía de extender el imperio alemán, Hitler prosiguió su agresiva política exterior. Para crear un nuevo “espacio vital” en Oriente, el dictador exige territorios y da un ultimátum a Checoslovaquia. Para eliminar el peligro de guerra, Francia e Italia, bajo la influencia de Inglaterra, siguen una política de apaciguamiento para sosegar esta situación extremadamente tensa. El 29 de septiembre de 1938 Chamberlain, Daladier y Mussolini firman el así llamado Pacto de Munich. Con este acuerdo se puso fin al conflicto germano-checoslovaco sin recurrir al choque armado. Para Hitler se abrió con ello el camino para la integración de las regiones fronterizas de Bohemia (región de los Sudetes) en el territorio de Alemania.

El Pacto de Munich, sin embargo, no conjuró el peligro de guerra en Europa. Hoy este convenio es considerado como símbolo por antonomasia de una falsa intransigencia ante la agresión de un dictador.

Las palabras proféticas de la Virgen de Fátima “bajo el pontificado de Pío XI” corresponden entonces a la verdad. Desde el año 1938 Hitler ya había empezado a aplicar violencia militar al poner en práctica sus planes de expansión.

Pío XII, frente a esta crítica situación que se le presentó al acceder el solio pontificio, “no había omitido esfuerzos para alejar el peligro de guerra”.4 El Pontífice, que llevaba en su blasón la paloma de paz con una rama de olivo, esbozó en una conversación con los cardenales del 2 de junio de 1945 con términos poéticos la índole de la “paz” que dominaba en ese entonces:

Nos inclinamos sobre esta paz como uno se inclina sobre el lecho de un agonizante, al cual por entrañable amor se quiere arrancar a toda costa, y aún contra toda esperanza, del abrazo de la muerte”.5

Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida

En la noche del 25 al 26 de enero de 1938 —hace exactamente 70 años— se produjo un fenómeno atmosférico muy inquietante. El cielo clareó por una luminosidad polar extraordinariamente intensa. Este fulgor rojizo se dejó observar no solamente en Europa, desde Noruega hasta Sicilia y de Gran Bretaña hasta Rumania, sino también en el Norte de África, Canadá, Estados Unidos y México. El diario francés “Le Nouvelliste de Lyon” informó el 26 de enero de 1938:

Una aurora boreal de una amplitud excepcional cubrió el cielo (…) de la Europa occidental (…) El cielo estaba abrasado como de un inmenso fuego, que moviéndose, provocó un muy vivo lucir rojo sangre. El borde de ese fuego era blanco, como si el sol estuviera por salir. Se trataba, sin duda, de una aurora boreal, pero de una amplitud excepcional, según la explicación del Profesor Pers de la Facultad de Ciencias de Grenoble”.6

En varias ciudades de Francia se temía que París estuviese en llamas y se puso en guardia a los bomberos.7 Por el mismo recelo, se previno también a los destacamentos de bomberos de los alrededores de la capital. Se creyó también que el castillo de Windsor en Londres se estaba incendiando. Los aviones que realizaban el trayecto París-Londres —informó el diario argentino “La Nación”— describieron círculos sobre el canal de la Mancha a fin de que los pasajeros pudiesen contemplar el desconocido espectáculo.8

Las comunicaciones por el sistema de ondas cortas entre Londres y Nueva York quedaron interrumpidas. En todo el territorio de los Estados Unidos se vieron impedidas las comunicaciones radiotelegráficas. En el Norte de África el lucir era tan intenso, que un almirante cuyos buques cruzaban por la costa, dio la orden de contra-torpedeo, pues él también creía que el cielo nocturno estaba iluminado por un incendio que se había atizado por un ataque enemigo.9

En España, Sor Lucía observó asimismo desde el convento de las Hermanas Doroteas en Tuy el espectáculo atmosférico. Sin embargo, en su tercera Memoria puso en duda si se trataba de una simple aurora boreal:

Sea lo que sea, Dios se sirvió de eso para hacerme comprender que su justicia estaba presta a descargar el golpe sobre las naciones culpables”.10

En la citada entrevista con el Padre Jonggen, Sor Lucía afirmó además:

Si los astrónomos estudiasen bien todos los detalles de este fenómeno, sabrían que no era ni podía ser una aurora boreal”.11

El juicio de la vidente parece plausible, pues una aurora boreal, aunque se da muy raras veces, es un fenómeno “conocido”; sin embargo, la Virgen habló de “una luz desconocida”.

Parece que el 23 de agosto de 1939 el cielo nocturno se había vuelto a teñir de un rojo sanguíneo. Albert Speer, que por los crímenes cometidos como Ministro de Armamento y Producción Bélica durante el Tercer Reich fue condenado a veinte años de prisión por el Tribunal Militar Internacional reunido en Nüremberg, escribió en sus “Memorias” que el simbolismo de esta señal fue percibido hasta por el Führer y Canciller del Reich, Adolf Hitler:

En la noche estábamos con Hitler en la terraza del Berghof (en el monte Obersalzberg) y miramos con asombro un raro espectáculo de la naturaleza. Una aurora boreal extraordinariamente intensa inundó el legendario Monte Untersberg por una larga hora con luz rojiza, mientras el cielo resplandecía con todos tipos de colores (…) La cara y las manos de cada uno de nosotros se coloreaban de un modo poco natural. El espectáculo provocó un extraño ambiente de ensimismamiento. De repente, Hitler dijo a uno de sus ayudantes militares: «Parece que correrá mucha sangre. Esta vez no acabará sin violencia»”.12

Tras sólo siete días, el 1º de septiembre de 1939, estallaba la Segunda Guerra Mundial con el ataque de Hitler a Polonia. Hasta su finalización el 8 de mayo de 1945, la guerra terrestre, aérea y naval más grande de la historia, cobró el número más grande de víctimas jamás habido: alrededor de 55 millones de muertos, 35 millones de heridos y tres millones de desaparecidos, todo ello según las estimaciones oficiales.13

Varias naciones serán aniquiladas

Las profecías condicionadas del primer párrafo del segundo secreto se han cumplido al pie de la letra. Las conmovedoras profecías del segundo párrafo también son condicionadas, pero su cumplimiento aún está pendiente. Si se cumplieran los pedidos de la Virgen en Fátima y se consagrara Rusia a su Corazón Inmaculado, se podría evitar la realización de estos presagios escalofriantes. Recemos y hagamos sacrificios, como pide la Santísima Virgen, para que se acelere la venida del bendito día en el cual el Santo Padre, junto con todos los Obispos del mundo, haga la consagración de Rusia, tal cual como la Virgen de Fátima lo ha pedido.

  • 1. Cfr.: FJIEM, pág. 262 ss.
  • 2. Fonseca, Luís Gonzaga da, S.J.: “El mensaje de María al mundo. Las maravillas de Fátima”, Madrid, 1990, pág. 295; cfr.: FJIEM, pág. 227.
  • 3. El historiador francés Léon Noel, p. ej., redactó un libro llamado “La guerra del año ’39 comenzó cuatro años antes”, Éd. France-Empire, 1979. También en la “Historia de Alemania” de Gaxotte, Flammarion 1963, t. 2, pág. 504 se dice: “La Segunda Guerra Mundial había comenzado bien, antes de haber sido declarada sobre el papel” (citado según FJIEM, pág. 228).
  • 4. Blet, Pierre, S.J.: “Papst Pius XII und der Zweite Weltkrieg – Aus den Akten des Vatikans”, Paderborn/München/Zürich/Wien, 2001, pág. 289.
  • 5. Ibidem.
  • 6. Citado según: FJIEM, pág. 223.
  • 7. Frère Michel de la Sainte Trinité: “Toda la Verdad sobre Fátima” (en adelante: TVF), Saint-Parres-lès-Vaudes, 1986, tomo 2, pág. 425.
  • 8. “Fue visible en el sur de Europa una aurora boreal”, en: “La Nación”, Buenos Aires, 26 de enero de 1938, pág. 1.
  • 9. TVF, tomo 2, pág. 426.
  • 10. Kondor, Luís: “Memorias de la Hermana Lucía”, Fátima, 1995, pág. 109; cfr.: FJIEM, pág. 224.
  • 11. Fonseca, Luís Gonzaga da, S.J.: “El mensaje de María al mundo. Las maravillas de Fátima”, Madrid, 1990, pág. 295.
  • 12. Speer, Albert: “Erinnerungen”, Frankfurt am Main, 1969, pág. 177.
  • 13. Cfr.: Kinder, Hermann, Hilgemann, Werner: “dtv-Atlas zur Weltgeschichte”, tomo 2, Von der Französischen Revolution bis zur Gegenwart, Manchen, 1994, pág. 496.