Sigo el camino, sigo el Concilio

La conmemoración de Lutero,
un paso más del mismo proceso.

“Santo Padre, algunos piensan que en los encuentros ecuménicos usted quiere liquidar la doctrina católica, que se quiere protestantizar la Iglesia”, le dice al Papa, sin rodeos, Stefania Falasca del periódico Avvenire.1 Francisco responde: “No me quita el sueño. Sigo el camino de los que me han precedido, sigo el Concilio”.

La periodista, cual portavoz de los asustados conservadores, vuelve a arremeter: “Usted, en menos de cuatro años, estuvo reunido con todos los primados y responsables de Iglesias cristianas. ¿Por qué esa aceleración?” Responde Francisco: “Es el camino del Concilio que sigue adelante, se intensifica. Es el camino, no soy yo. Ese camino es el camino de la Iglesia. Yo he estado con los primados y responsables, es verdad. Pero también mis predecesores tuvieron esos encuentros”.

Las palabras de Francisco son altamente esclarecedoras pues indican dónde está la raíz de los males que agobian la Iglesia y por los cuales muchos católicos están indignados del Papa Bergoglio.

Le propongo, estimado Lector, estudiar la relación entre el ecumenismo de Francisco y el del Concilio. Nos basaremos en la conmemoración ecuménica por los quinientos años de Lutero. Para evitar interrumpir el razonamiento, las referencias y citas que lo fundamentan irán al pie de página.

El ecumenismo del Papa actual

Según la Declaración Conjunta firmada por el Papa Francisco,2 (véase foto superior) tanto católicos como luteranos somos miembros del mismo Cuerpo de Cristo. Esta unidad fundamental sería gracias al bautismo: “al comprometernos a pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que estamos incorporados por el bautismo”.

Por esto, seríamos hermanos en Cristo con los luteranos –y con muchos otros protestantes, ciertamente–. A los pocos días el Papa lo volvió a afirmar: “Desde que se promulgó el decreto conciliar Unitatis Redintegratio hace más de 50 años, se redescubrió la fraternidad cristiana basada en el único bautismo y en la misma fe en Cristo”.3

Como supuestamente tendríamos la misma fe en Cristo, católicos y luteranos deberíamos anunciar juntos el Evangelio,4 dando testimonio ante el mundo,5 cual heraldos del amor del Padre ante la humanidad.6 Incluso entre los luteranos habría verdaderos mártires de la fe.7 De ahí que sería un pecado gravísimo querer convertir a los protestantes al catolicismo, sería el pecado de proselitismo.8

El ecumenismo del Vaticano II

Luego de considerar el actual ecumenismo, cabe preguntarse si éste es una invención de Bergoglio o está en consonancia con el Concilio. ¿Sigue el Papa Francisco el mismo camino?

El Vaticano II afirma que los cristianos no-católicos son nuestros hermanos. Es más, no se les debe negar el derecho de llamarse cristianos pues han sido incorporados a Cristo por el bautismo.9

Lumen Gentium enseña que los católicos estamos unidos con los otros cristianos por el bautismo, por la fe en la Escritura, por un sincero celo religioso, por la fe y el amor a Dios Padre e Hijo, Salvador. Otros vínculos de unión son la oración y los beneficios espirituales pues el Espíritu produce en ellos obras de verdadera santidad como es, entre otros, el martirio.10

Según el Concilio, el Espíritu utiliza a las otras denominaciones cristianas como instrumentos de salvación.11

La coherencia de un mismo proceso

Quien lee el Vaticano II y considera lo que Francisco dice y hace, no puede sino reconocer que el Papa tiene razón: sigue el camino, sigue el Concilio. Saca las conclusiones que estaban en germen en los textos conciliares. La conmemoración ecuménica de Lund está en consonancia plena con el Vaticano II.  Es un lógico proceso, y no una repentina incoherencia.

Aunque el “camino” andado por Benedicto era para muchos más conservador, es el mismo que lleva Francisco. Es el Concilio. El verdadero problema no está en las personas sino en los principios. “Yo acuso al Concilio”, en el decir de Monseñor Lefebvre. Si hay Francisco, es porque hubo Concilio. De tal palo, tal astilla. Distintas velocidades, distintos momentos pero el mismo proceso. ¡Attenti!

¡Salir de tal camino!

“Los historiadores dicen que un Concilio, para ser absorbido bien por el cuerpo de la Iglesia, necesita un siglo. Estamos a la mitad”.12 Es cuestión de tiempo, ellos lo saben. Los gestores intelectuales del Vaticano II pusieron ayer los fundamentos para que hoy se saquen las conclusiones. A esto lo decía el modernista Kasper a un mes de elegido Francisco.13

Ha sido la táctica usada, por ejemplo, en la desconcertante Declaración Conjunta de Lund donde se afirma, abiertamente y sin matices, que los luteranos forman parte del Cuerpo Místico de Cristo.14 Es gravísimo. El Concilio lo decía sí, pero lo decía teniendo como contrapeso algunas afirmaciones tradicionales.15 Ahora se está quitando el andamiaje tradicional para revelarse, sin tapujos, todo el potencial modernista de los textos conciliares.

Y este proceso va a seguir… Y va a seguir peor si Dios no interviene. La exhortación Amoris Laetitia ha puesto los fundamentos para una hermenéutica de la ruptura en temas de matrimonio. Ahora la Declaración Conjunta adelanta que van a estudiar cómo acercar la Eucaristía a todos.16

Dios mío, si así funciona el Concilio, ¡salgamos ya de este camino!

NOTAS:

1. Conversación de la periodista italiana Stefania Falasca con el Santo Padre publicada en avvenire.it el 17 de noviembre de 2016. https://www.avvenire.it/papa/pagine/giubileo-ecumenismo-concilio-intervista-esclusiva-del-papa-ad-avvenire

2. Declaración Conjunta entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, del 31 octubre 2016 firmada en Lund (Suecia) entre el Papa Francisco y el obispo Munib Yunan, presidente de la Federación Mundial Luterana.

3. Disculpará el lector relacionar la entrevista periodística con la declaración papal pues no tienen la misma autoridad doctrinal. Esto, por lo menos, con los criterios de teología tradicional. Pero en el pontificado actual se utiliza tanto una encíclica como una entrevista o conferencia de prensa en vuelo para llegar –e influir– al “Pueblo de Dios” (en su decir). En todo caso, en este artículo nos basamos en la Declaración conjunta, comentada luego por la entrevista.

4. “Estamos unidos también en nuestra común misión de anunciar el Evangelio”, en L’Avvenire.

5. Declaración Conjunta: “Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios”.

6. Declaración Conjunta: “Renovamos nuestra determinación de ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad”.

7. “Reconocer la confesión común como se expresa en el común martirio recibido en el nombre de Cristo, en el ecumenismo de la sangre”, en L’Avvenire.

8. “Todo proselitismo entre cristianos es pecaminoso. La Iglesia nunca crece por proselitismo sino «por atracción», como ha escrito Benedicto XVI. El proselitismo entre cristianos es pues en sí mismo un pecado grave… La Iglesia no es un equipo de fútbol que busca hinchas”, en L’Avvenire.

9. Unitatis Redintegratio nº 3: “Justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, con derecho se honran con el nombre de cristianos y los hijos de la Iglesia católica los reconocen como hermanos en el Señor”. “Para mí son todos hermanos. Nos bendecimos uno al otro, un hermano bendice al otro”, entrevista en L’Avvenire.

10. Lumen Gentium n° 15: “La Iglesia se siente unida por varios vínculos con todos los que se honran con el nombre de cristianos, por estar bautizados, aunque no profesan íntegramente la fe o no conservan la unidad de comunión bajo el Sucesor de Pedro. Porque muchos de ellos conservan la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida, y manifiestan sincero celo religioso, creen con amor en Dios Padre todopoderoso y en Cristo, el Hijo de Dios Salvador, están marcados con el bautismo, con el que se unen a Cristo… Hay que contar también la comunión de oraciones y otros beneficios espirituales; más aún, cierta verdadera unión en el Espíritu Santo, puesto que también obra en ellos con su virtud santificante por medio de dones y gracias, y a algunos de ellos les dio la fortaleza del martirio”.

11. Unitatis Redintegratio nº 3: “Aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación”.

12. Entrevista en L’Avvenire.

13. “En muchos lugares, los Padres tenían que encontrar fórmulas de compromiso en las cuales, a menudo, las posiciones de la mayoría estaban ubicadas al lado de las de la minoría, diseñadas para delimitarlas. Por lo tanto, los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial de conflicto, abren la puerta a una recepción selectiva en cualquier dirección”. Cardenal Walter Kasper, L’Osservatore Romano, 11 abril 2013.

14. “Si reconocemos que estamos unidos en el bautismo, quiere decir que estamos unidos en lo fundamental. Es esa la fuente común que nos une a todos los cristianos… Para descubrir nuestra unidad no debemos “ir más allá” del bautismo… Todas las ideologías y teorías nacen de quien no se queda en esto, no se queda en la fe que reconoce a Cristo venido en la carne, y quiere “ir más allá”… Permanecer en el bautismo nos salva también de la gnosis que desnaturaliza el cristianismo reduciéndolo a un recorrido de conocimiento, que puede desvirtuar el encuentro real con Cristo”. Entrevista en L’Avvenire.

15. Dos ejemplos. El primero es sobre la afirmación vaga de que el mirar a Jesús basta para hacer miembros de su Iglesia: “La congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación, y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible…” (Lumen Gentium n° 9). El segundo es el nº 14 de la misma constitución donde se afirma extra Ecclesiam nulla salus pero sólo mencionando al bautismo como su puerta de ingreso (…Ecclesiae in quam homines per baptismum tamquam per ianuam intrant). Recién más adelante menciona los otros elementos –profesión de fe, otros sacramentos, jerarquía– que indicando que son necesarias para la pertenencia plena a la Iglesia Católica como sociedad eclesiástica: “Illi plene Ecclesiae societati incorporantur qui…”

16. Declaración Conjunta: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena… Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo… Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico”. El Vaticano II se adelantó en este sentido permitiendo ampliamente la comunión a ortodoxos no católicos (Ecclesiarum Orientalium 26 y 27).