Menú desplegable
  La Sede
  Centros de Misa
  Escuelas
  Tercera Orden
  Actividades
  Retiros
  Comunidades amigas
  La Casa General
  Otros Distritos
  Estadísticas
  Sitios web FSSPX
  Publicaciones
  Revista Iesus
  Artículos varios
  Descargas
  Magisterio de la Iglesia
  Textos de Mons. Lefebvre
  Vidas de los Santos
  Escritos de los Santos
  Defensa de la Fe
  Cartas Mons. Fellay
  Textos oficiales
  Sermones escritos
  Archivos de audio
  Archivos de video
  Galerías de fotos
  Propios de la Misa
  Para buscar en el sitio
  Para tomar contacto
  Para ayudarnos

 

“FÁTIMA - ROMA - MOSCÚ”

Autor: Padre Gérard Mura.

Edición propia del autor,
226 páginas.

Precio: $ 14
más gastos de envío.

“La Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María aún está pendiente”. Lo afirmó el mismo Santo Padre Juan Pablo II en “L'Osservatore Romano”, órgano oficial del Vaticano.

En su acto de consagración, el 25 de marzo de 1984, el Papa Juan Pablo II agregó una pequeña modificación en el texto, lo que deja entrever que estaba consciente de no haber cumplido todavía con las exigencias del Cielo en forma completa.

Después de haber proferido las palabras centrales del acto de ofrecimiento y consagración: “De modo especial confiamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración”, el Santo Padre intercaló, espontáneamente, la siguiente frase en el texto:

“Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que Tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento”.

Este agregado fue publicado en el mismo “L'Osservatore Romano”, edición en español del 1º de abril de 1984, y permite suponer que el Papa sabía que los requisitos del Cielo para la consagración de Rusia no habían sido cumplidos todavía completamente, ni en la consagración del 13 de mayo de 1982, ni en la del 16 de octubre de 1983, ni en la que estaba realizando en ese momento, ya que podría haber dicho: cuya consagración Tú has esperado de nosotros. Esta suposición se convierte en certeza en canto el Papa, en la tarde de ese mismo día, en el momento de despedir a la estatua original de Nuestra Señora que había hecho llegar desde Fátima, y tras un momento de oración, se acercó a la imagen e, improvisando, pronunció estas palabras:

“…Hemos querido elegir este domingo (…) para este acto de entrega, de consagración del mundo, de la gran familia humana, de todos los pueblos y especialmente de los que tienen necesidad suma de esta consagración y entrega, de los pueblos para los que Tú misma esperas nuestro acto de consagración y entrega”.