“PROMETEO”
- LA RELIGIÓN DEL HOMBRE-
Ensayo de una hermenéutica
del Concilio Vaticano II
Autor:
R. P. Álvaro Calderón
Edición propia del autor,
328 páginas.
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Benedicto XVI comenzó su pontificado
con una tremenda confusión: El Concilio Vaticano II no ha sido comprendido. Todo se cambió por el
Concilio: la liturgia, el catecismo y el derecho, la vida de los seminarios, de los conventos y de
las parroquias, y cuarenta años después un Papa que fue teólogo del Concilio confiesa que todavía
no se ha dado su correcta interpretación. La conmoción en los medios eclesiásticos no podía ser
mayor, pues pone en tela de juicio toda la reforma conciliar.
La mayoría de los obispos se reúne para defender la hermenéutica vulgata —llamélosla así— del
Concilio como nuevo comienzo, que animó las reformas. La Fraternidad San Pío X en cierto modo
está de acuerdo, aunque sin el eufemismo: la única hermenéutica posible es la de ruptura con la
tradición. En cambio, los grupos tradicionalistas amparados bajo las alas de la Comisión “Ecclesia
Dei” se apresuran a piar que puede y debe darse la hermenéutica de la continuidad. El momento es
solemne. Roma ha invitado a la Fraternidad San Pío X a discutir sobre el Concilio —¡horror! gritan
los obispos— con la intención, ciertamente, de mostrarle un Vaticano II sin contradicción en la
historia de los dogmas.
En este contexto, el Padre Álvaro Calderón, profesor desde hace tiempo en el seminario argentino de
la Fraternidad San Pío X, ensaya una hermenéutica del Concilio que reúne dos notables cuolidades.
Primero, indica de manera muy precisa los múltiples puntos de doctrina en que el Concilio rompe con
la tradición y, aún mejor, pone al descubierto ciertas cuestiones difíciles que fueron usadas como
velos. Segundo, traza las líneas de un proceso continuo que va del humanismo al renacimiento al
“nuevo humanismo” conciliar. Aunque el aspecto histórico está menos precisado, permite entender por
qué Benedicto XVI sostiene que el Concilio no es algo totalmente nuevo: está en continuidad con
cinco siglos de catolicismo liberal.
Estas dos cualidades no podían reunirse en un libro de lectura fácil. Pero es que no es fácil la
lectura del Concilio. Sin embargo, aunque el Lector pierda detalles que exigirían estudio para
apreciarlos, verá cómo el Autor recoge las piezas de tantas discusiones que habían dejado a los
católicos en la perplejidad, y las encaja unas con otras sin forzarlas como quien resuelve un
rompecabezas. Aquí está, sin dudas, el mérito principal de la obra, y lo que hace pensar que se ha
dado un importante paso en la comprensión del mayor acontecimiento de la era moderna.