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Las
dos primeras conversaciones doctrinales entre la Fraternidad
y las autoridades romanas tuvieron lugar en octubre y enero
pasados. En la siguiente entrevista, realizada por Fideliter
(la revista oficial del Distrito de Francia de la FSSPX),
el Superior General comenta cuáles son las perspectivas
de dichas conversaciones.
Versión
en portugués
Fideliter:
Gracias, Monseñor, por aceptar
contestar a nuestras preguntas. ¿En qué consiste la diferencia
entre estas conversaciones doctrinales y los intercambios
interiores que tuvieron lugar cuando vivía Monseñor Lefebvre,
por ejemplo, respecto a las Dubia? (1)
Monseñor Bernard Fellay:
Antes los intercambios eran más bien
informales, salvo en algunas pocas ocasiones, como a comienzos
del pontificado de Juan Pablo II. Monseñor Lefebvre, a la vez
que presentaba las principales objeciones a las novedades
–y protestaba enérgicamente contra los escándalos que sacudían
la Iglesia–, buscaba en aquel entonces un acuerdo más bien
práctico: pensaba que Roma podía dejarle realizar “la experiencia
de la Tradición”, otorgando a la Fraternidad San Pío X una
regularización canónica antes de cualquier debate sobre
el fondo. Después de 1988 indicó claramente los pasos a
seguir: llevar la conversación al terreno doctrinal, sobre
la misma esencia de la crisis que tantos estragos hizo.
Hoy en día la Santa Sede nos propuso esas conversaciones
doctrinales sin contrapartida y de manera oficial. Será
para nosotros la ocasión de dar testimonio de la fe y de
reflejar el eco de dos mil años de Tradición, sin privarnos
de retomar ciertos estudios, como son precisamente las Dubias
sobre la libertad religiosa, que en su momento no habían
recibido ninguna respuesta satisfactoria.
Fideliter: Sólo
la Fraternidad consiguió esas conversaciones, serias y casi
solemnes. Ninguna comunidad Ecclesia Dei obtuvo algo así.
A su modo de ver, ¿es eso el signo de lo bien fundado de
nuestra actitud de resistencia y de rechazo de un compromiso
o reconocimiento canónico equívoco, o bien es el signo de
que las comunidades Ecclesia Dei ya no se distinguen mucho
de la línea conciliar?
Monseñor Bernard Fellay:
Probablemente
es el signo de ambos aspectos.
Fideliter: ¿Puede Ud., Monseñor,
darnos una lista exacta de los temas abordados?
Monseñor Bernard Fellay:
Se encuentran en el comunicado de prensa que siguió
al primer encuentro del 26 de octubre pasado: “De un modo
especial se examinarán las cuestiones relativas al concepto
de Tradición, al Misal de Pablo VI, la interpretación del
Concilio Vaticano II en continuidad con la Tradición doctrinal
católica, los temas de la unidad de la Iglesia y de los
principios católicos del ecumenismo, de la relación entre
el cristianismo y las religiones no cristianas y de la libertad
religiosa”.
Fideliter: Con ocasión de esas conversaciones,
¿se hablará de la filosofía moderna y de los nuevos conceptos
(testimonio, diálogo, apertura, compromiso, experiencia,
etc.)?
Monseñor Bernard Fellay:
Todos estos temas subyacen
en muchos problemas relacionados con la nueva eclesiología
y parece inevitable que sean evocados con motivo de esas
conversaciones, las cuales, no nos olvidemos, se desarrollan
en torno al Concilio y su aggiornamento.
Fideliter: ¿Es
posible conservar una total discreción sobre esas conversaciones?
¿No se han filtrado ya unos rumores?
Monseñor Bernard Fellay:
Que yo sepa, no, sino en cuanto a algunos aspectos segundarios
relativos a la organización general de esas conversaciones.
Fideliter: ¿Cuál es el motivo por el que el Vaticano y la
Fraternidad quieren conservar tanta discreción sobre las
conversaciones doctrinales?
Monseñor Bernard Fellay:
Es muy
importante que el clima de las conversaciones sea apacible
y sereno. Vivimos en la época de la mediatización y de la
democracia universal, en la que cada uno juzga todo y opina
sobre todo. Tanta importancia tienen las cuestiones teológicas
y lo que está en juego, que es preferible dejar las cosas
desarrollarse en la discreción. Cuando venga el momento,
si es necesario, se las podrá publicar.
Fideliter: A menudo
se dice que Roma y la Fraternidad no se comprenden porque
no tienen el mismo lenguaje. ¿Se puede decir también de
nuestros actuales interlocutores romanos? ¿Cómo se hace
para tener el mismo lenguaje?
Monseñor Bernard Fellay:
Es demasiado
pronto para contestarle. Podemos decir que estamos confrontados
a unas mentes brillantes, con las cuales deberíamos poder
conversar. Es evidente que la formación filosófica tomista
es la mejor manera de proceder.
Fideliter: ¿Le parece que
los teólogos elegidos por Roma son representativos de la
corriente teológica general de la Iglesia de hoy? ¿O bien
se acercan más a una tendencia particular? ¿Se acerca su
línea de pensamiento a la de Benedicto XVI?
Monseñor Bernard Fellay:
Nuestros interlocutores me parecen muy fieles a
las posiciones del Papa. Se sitúan en lo que se podría llamar
la línea conservadora, la de los partidarios de la lectura
más tradicional posible del Concilio. Quieren el bien de
la Iglesia, pero a la vez quieren salvar el Concilio: es
como buscar la cuadratura del círculo.
Fideliter: ¿Son tomistas
los teólogos elegidos por el Vaticano? ¿A la manera tradicional?
Monseñor Bernard Fellay:
Veremos. Estamos confrontados con
un dominico, sin duda gran conocedor de Santo Tomás de Aquino,
pero también a un jesuita y a un miembro del Opus Dei.
Fideliter:
En esas conversaciones, ¿cuáles son los puntos de referencia,
fuera de la Revelación, la Escritura y la Tradición? ¿Sólo
el Magisterio anterior a Vaticano II o también el posterior?
Monseñor Bernard Fellay:
El problema concierne el Vaticano
II: Por tanto, examinaremos a la luz de la Tradición anterior
si el magisterio posconciliar constituye o no una ruptura.
Fideliter: Algunos temen que nuestros teólogos, llevados
por la atmósfera de las oficinas del Vaticano, bajen la
guardia durante las conversaciones. ¿Puede Ud. tranquilizarlos?
Monseñor Bernard Fellay:
Vamos a Roma para dar testimonio de
la fe. Nos importa muy poco la atmósfera de las oficinas.
Nuestros teólogos se reunirán cada dos o tres meses en una
amplia sala del Palacio del Santo Oficio, no en las oficinas…
Fideliter: Respecto a la duración de las conversaciones:
considerando lo dificultoso de la mayoría de los temas,
que exigen por lo menos uno o dos años cada uno, ¿podrán
las conversaciones durar menos de cinco o diez años?
Monseñor Bernard Fellay:
Espero que no será así… en todo caso, cuando se
plantea a una alguna persona la cuestión de la misa, de
la libertad religiosa o del ecumenismo, ¡normalmente no
hace falta tanto tiempo para convencerla!
Fideliter: ¿No
teme Ud. que a lo largo de esas conversaciones, Roma llegue
finalmente a contestar a nuestras objeciones (respecto a
la libertad religiosa o la misa nueva) con el argumento
de autoridad: “Roma lo decidió así, ahora bien, no se puede
equivocar, etc.”?
Monseñor Bernard Fellay:
Por supuesto, se
puede temer eso, pero en ese caso, implicaría que Roma no
tuvo verdaderamente la intención de conversar. Ahora bien,
el debate sobre Vaticano II es ineluctable. Lo prueba bastante
el libro publicado hace poco por Monseñor Gherardini, notorio
teólogo romano. Vaticano II puede ser debatido; debe serlo.
Fideliter: No es de temer que esas conversaciones terminen
con declaraciones comunes, en las cuales las partes se ponen
de acuerdo sobre puntos en común, pero sin solucionar los
debates de fondo, a la manera de la Declaración común con
los luteranos sobre la justificación.
Monseñor Bernard Fellay:
No se trata en absoluto de declaraciones comunes.
Fideliter:
Supongamos que después de las conversaciones, uno de los
teólogos del lado romano llegue a aceptar tal o cual tesis
tradicional, por ejemplo a juzgar que la libertad religiosa
no es conforme con la Tradición. ¿Qué podría pasar después?
Monseñor Bernard Fellay:
Lo que quiera la Providencia. Veremos
en ese momento lo que convenga hacer. Todavía no estamos
en eso.
Fideliter: Los fieles rezaron el Rosario por el
reconocimiento de la misa tradicional y por el levantamiento
de las excomuniones; ahora rezan por la consagración de
Rusia por el Papa. ¿Piensa Ud. que también rezan por el
buen desenlace de esas conversaciones doctrinales?
Monseñor Bernard Fellay:
Vale la pena rezar por esa intención, como
lo hicieron los niños de la cruzada eucarística durante
el mes de enero. De nuestro testimonio de fe podría seguirse
un gran bien para la Iglesia… De hecho, me parece que los
fines de esas cruzadas de Rosario son convergentes: no podrá
haber triunfo marial sin restauración de la Iglesia, y por
tanto de la misa con la enseñanza de la fe.
NOTAS:
1. Las “Dubia” son treinta y nueve
“dudas” u “objeciones” que envió Monseñor Lefebvre en octubre de 1985 a la Congregación
para la Doctrina de la Fe sobre la discordancia existente entre la doctrina de la
libertad religiosa y la enseñanza anterior de la Iglesia.
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