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“Los
hombres no tienen tiempo de conocer nada. Compran a los
mercaderes las cosas ya hechas. Pero como no existen mercaderes
de amigos, los hombres no tienen más amigos.” Esta reflexión
de Antoine de Saint-Exupery (“El Principito”, 1942)
queda hoy día desmentida por los hechos. Ahora los mercaderes
de amigos existen.
Las redes sociales como Facebook o MySpace
proponen, con un gasto mínimo y sin necesidad de desplazarse,
un número casi ilimitado de amigos.(1)
En promedio sus usuarios tienen de 130 a 150 amigos, o
sea casi treinta veces más de cuanto un hombre pueda tener
en su vida real. Algunos tienen más de mil relaciones.
En efecto, ¡es tan hermoso tener amigos! ¡Y tan humillante
tener menos que el vecino!
De hecho el capricho por las redes sociales presenta los
rasgos de una epidemia universal. Tres años después de
su aparición, la red Facebook contaba ya con casi cuatrocientos
millones de inscriptos (lo que representa más de veinte
mil millones de contenidos en línea). Sólo en Francia,
el sitio recibe hoy 19 millones de visitantes por mes,
de los cuales uno de cada dos se conecta todos los días.
El 67% de los usuarios tiene entre 18 y 34 años pero los
de 13 a 17 años son el 25% .
Los usuarios globales con respecto a la población total
del país son: USA 47%; Gran Bretaña 45%; Turquía 34%¸
Argentina 31%; Francia 31%; España 26%; Colombia 25%;
Filipinas 22%; Alemania 17%.
La red MySpace contaba con 130 millones de usuarios al
inicio del 2010, mientras que Skyblogs cuenta con 20 millones;
la mitad tiene menos de 18 años. En Francia más de 7 millones
de personas visitan estos sitios cada mes.
(De los datos totales parecería que estos valores fueran
mucho más elevados)
Los progresos de la técnica permitieron la aparición de
Twitter en el año 2006, que permite enviar mensajes instantáneos
desde un teléfono móvil o desde una computadora, agregar
fotos y tener acceso a las informaciones publicadas por
todos los corresponsales que nos interesen. Este servicio
recibe hoy 25 millones de visitantes. A finales del 2009,o
sea sólo en tres años, habían sido enviados más de 5 mil
millones de mensajes en todo el mundo.
En Brasil, las redes sociales hacen furor. Nueve usuarios
de Internet cada diez están conectados, sobre todo a Orkut,
que cuenta con 20 millones de visitantes por mes.
En Japón, la medalla de oro corresponde a Mixi, con casi
20 millones de miembros. El acceso se efectúa siempre
desde el celular. Los japoneses cuentan allí sus jornadas,
fotografían lo que comen por la mañana, mediodía y noche,
comentan cualquier salida.
Estas fabulosas cifras de visitantes nos invitan a reflexionar,
porque tal movimiento incontrolado de masas no dice nada
bueno al observador alerta. ¿De qué se trata exactamente?
¿Qué hay de tan atrayente y aún tan fascinante en estas
redes sociales?
A primera vista la cosa parece inocente. Uno se registra
en un sitio de su propia elección y de ese modo se posee
una dirección, un sitio personal en el que se presenta
la propia identidad y los propios intereses. Después se
actualiza esta presentación electrónica y se le agregan
fotos recientes, informes de la actividad, deseos y proyectos.
El conjunto es enviado a toda una red de conocidos, que
tienen libre acceso a estas informaciones. A este punto
resulta fácil trabar conocimiento y penetrar en la vida
privada de otro.
El fenómeno pone numerosos interrogantes al cristiano,
como por ejemplo sobre las charlas inútiles (chat), sobre
la curiosidad, sobre el tiempo robado al propio deber
de estado o a la vida de oración. Pero limitémonos a la
pregunta siguiente: ¿estas redes sociales (Facebook, MySpace,
etc.) cumplen con sus promesas? ¿Se hacen verdaderas amistades?
Los
falsos amigos
¿Qué es la amistad? Con Aristóteles, los filósofos definen
la amistad con tres elementos constitutivos: el parecido,
la benevolencia y la reciprocidad. ¿Qué hay de ellos en
estas redes sociales?
Toda amistad verdadera se funda en una cierta semejanza,
en la posesión común de cierto número de sentimientos,
juicios, voluntades. Es este tesoro común que determinará
la verdad y la nobleza de la amistad. Si por el contrario
se funda sobre las sensualidad o la mentira, será sólo
una caricatura de la amistad. Si está construida sobre
la vida de la gracia y el deseo de complacer a Dios, será
una hermosa amistad.
Ahora bien, ¿sobre qué se fundan las relaciones en Facebook?
Sobre una suerte de mentira. El sociólogo Dominique Cardon
demuestra que con Facebook se desarrolla la “teatralización”,
la puesta en escena de sí, el show off de los ingleses.
Lo más a menudo uno se muestra desnudo o en situaciones
viles. Sobre todo, y a menudo en grupo, uno se muestra
en el momento de comer, en el trabajo, en cólera o luciéndose
en una fiesta. Cada vez se envía a la comunidad el mismo
mensaje: “tengo una vida super, salgo mucho, sé divertirme,
conozco un montón de gente, te invito a hacer como yo”.
Se trata de mostrar a los demás que se es joven, hermoso,
“cool” (excepcional) y que se hace bien de ser contado
entre los amigos. En resumen, no se pierde la ocasión
de vanagloriarse, corriendo el riesgo de pasar por mitómano.
Una de las pruebas de que la imagen que se da de sí es
falsa está en el hecho de que jamás se muestra tristeza.
En las fotos se sonríe, se saca la lengua, uno se apoya
sobre el hombro de los amigos, se brinda, pero jamás una
lágrima. O sea que uno no se revela jamás totalmente;
la identidad que se muestra es construida y artificial
y la amistad que derivará de ella lo será igualmente.
El segundo elemento de la amistad es la benevolencia,
la benevolentia latina, la voluntad a desear el bien del
otro. La amistad está toda orientada al verdadero bien
de mi amigo y no a mis intereses y mi placer. ¿qué hay
de ello en las “amistades” que prometen las redes sociales?
En primer lugar hay que saber que uno cada cinco usuarios
de Facebook usan esta red para encontrar un víctima para
los propios deseos malvados. Mientras que los que tienen
buenas intenciones se registran de toda evidencia en tales
sitios por sí mismos y no para los otros: “hago públicas
algunas partes de mi vida para darlas a conocer y valorarlas
en mi círculo. Cultivo la ilusión de nos ser olvidado,
de ser una persona importante y querida. Reemplazo la
satisfacción de tener a una persona que piensa siempre
en mí con la idea de que muchos piensan un poco en mí”.
En definitiva todo está centrado en el yo.
Por otra parte tal ostentación de la propia vida privada
comporta otro peligro, el de una continua solicitación
al mal. En las redes sociales veo lo que los otros logran
hacer sin mí y me encuentro muy estúpido quedando fuera
de “lo que se hace”. Veo lo que me falta para estar enteramente
a la moda y me siento obligado a hacer aún más.
A este punto, ¿qué hay de la gratitud, de la generosidad,
de la reciprocidad que constituyen el tercer elemento
de la amistad?
Los usuarios hacen rápido la experiencia. “Tengo 100 amigos
en Facebook –escribe uno de ellos– pero en el comedor
universitario como solo”. “Tengo 257 amigos en Facebook
–se lamenta otro– pero ninguno que me ayude a mudarme”.
Es la diferencia entre la cantidad y la calidad, entre
las relaciones artificiales y la vida real. En Facebook
la amistad se paga con un “clic” que no cuesta nada, con
alguna respuesta chabacana, con alguna novedad sacada
de la rúbrica de los hechos mundanos (qué almorzó fulano,
como se vistió esta mañana la señorita tal, y todo confirmado
por foto). Sobre todo, las relaciones de los correspondientes
de Facebook pertenecen al voyeurismo porque, si yo cuento
de mí, es justamente para despertar la curiosidad en mis
“amigos”. ¿Qué sentido tiene jugar a las escondidas si
nadie me busca? Gracias a Facebook no hay necesidad de
espiar por el agujero de la cerradura, mi vida y la de
los miembros de mi red están a la vista de todos. “En
Facebook uno se comporta como los conserjes”, explica
un psiquiatra. Y es a este nivel que se coloca esta extraña
amistad.
En definitiva, las redes sociales destruyen uno de los
elementos más hermosos y más consoladores de la vida humana,
la verdadera amistad.
Los verdaderos enemigos
Sin embargo, las redes sociales no son solamente el lugar
de encuentro de falsos amigos, son también un punto de
referencia para verdaderos enemigos.
El otro día, un hombre quedó deslumbrado por la vendedora
que lo atendía en un negocio de ropa. No se animó a pedirle
el número de teléfono pero, una hora más tarde se conectó
a la página Orkut del negocio y allí encontró el perfil
de todas las empleadas; de ese modo pudo partir a la caza
de su víctima. Muchas personas, sobre todo muchachas jóvenes,
abandonan estos sitios porque no soportan más ser continuamente
vigiladas, ser instrumentalizadas, ser objeto de feas
bromas, injurias o chantajes.
El 41 % de las que tienen entre 13 y 18 años dicen haber
sido objeto de burla en línea. “Corinna es una gran…”,
“Laura apesta”, “Anita es fea”. La persecución queda en
línea y provoca catástrofes. A menudo la cosa se cambia
en una especie de espionaje en línea: un espía se divierte
refiriendo a todos sus amigos o simples conocidos todas
vuestras intrigas.
Todavía más grave, casi la mitad de las entre 13 y 18
años dicen ya haber recibido en línea una propuesta de
cita de un desconocido. El 29% declara haber sido ya objeto
de propuestas sexuales y se sube al 43% si se consideran
sólo las jóvenes de 13-14 años. En Francia más de la mitad
de las de 13 a 18 años declaran haber sido expuestas a
imágenes chocantes en Facebook. En teoría se podría limitar
el acceso al propio sitio a personas elegidas, pero es
demasiado fácil dejarse llevar por el frenesí de tener
muchos amigos y aceptar desconocidos. En todo caso, nada
impediría a nuestros amigos “seguros” transmitir a otros
nuestras informaciones, que muy a menudo son muy poco
edificantes!
Además, a fuerza de hablar y sin darse cuenta, la joven
corre el riesgo de dar informaciones que una persona mal
intencionada podría emplear para establecer un contacto.
Por ejemplo: Mara, 13 años, dice que saldrá de su curso
de danza el miércoles próximo a las 16 hs. en la calle
Mughetti 28, y que volverá sola a su casa. ¿No se vuelve
una presa fácil para toda suerte de pervertidos? Estos,
en realidad, están bien presentes y son muy activos.
Seguidamente a las protestas, diversas redes sociales
han sido obligadas a adoptar medidas de seguridad. A inicio
del 2009, MySpace anunció que había sacado de su red el
perfil de 90.000 delincuentes sexuales. Lo que significa
que estaban ahí hasta apenas pocas semana antes. ¿Y quién
nos asegura que no han vuelto? Los delincuentes no tienen
por cierto la costumbre de presentarse como tales.
Las redes constituyeron entonces un servicio de seguridad.
En Facebook está asegurado por 150 agentes de los Estados
Unidos. Pero desde el momento en que cada semana, en el
sitio son publicados más de 3.000 millones de contenidos
(comentario, imágenes y vínculos) ¿cómo se hace para poder
mantener el ritmo? ¿Y de acuerdo a qué criterio se hace
la selección?
La verdadera solución se encuentra en el corazón del hombre,
en su voluntad bien firme de complacer a Dios y de obtener
y conservar una personalidad profundamente cristiana.
Que los padres tengan compasión de sus propios hijos y
les impidan acceder a tales ámbitos de perversión. Que
cada uno se ponga frente a Dios, a su propia debilidad
y al propio deber de estado y que se de cuenta del hecho
de que estas redes han sido creadas por perversos para
perversos y entran en el elenco de las pompæ diaboli,
a las que hemos renunciado el día de nuestro bautismo.
(El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, al inicio buscaba
sólo un medio para encontrarse una acompañante de fin
de semana entre las estudiantes de su universidad y hoy
día se ha convertido en el multimillonario más joven del
mundo.)
¿Habría un empleo inocente de estas redes sociales? Puede
ser. Es posible que se logre escapar a los verdaderos
enemigos que pueblan estos sitios, pero no se evitará
nunca otro mal: el de envilecer o estupidizar nuestras
amistades, que Dios quiere hermosas y proficuas.
¿Y si nos pusiésemos a jugar en familia, a cantar, a representar
pequeñas comedias, a leer, a rezar? ¿si se viviesen de
verdad las alegrías y las fatigas de la familia cristiana?
¿Los niños y los jóvenes sentirían este vacío que los
empuja a refugiarse en este mundo virtual?
Como el uso de los medios electrónicos (celulares, Internet,
etc) debe ser regulado por la santa virtud de la pobreza,
que por el bien del alma sabe renunciar a cosas permitidas
y emplea un medio solo cuando está en medida de ser verdaderamente
útil, así el cristiano debe renunciar a las redes sociales
que pervierten en nombre de la amistad cristiana y de
la verdadera vida.
Por el
Padre Jean-Dominique, O. P.
(1) Retomamos
y citamos libremente a Oliver Levard y Delphine Soulas,
“Facebook: mes amis, mes amours…des emm...!” (Mis amigos,
mis amores... despelotes!) Mechalon, 2010
Traducido de la página web de la FSSPX, Distrito Italia,
que lo retomó de “Le Chardonnet”, nº 264, enero 2011 – Boletín
de la parroquia San Nicolas du Chardonnet, París.
Comentario posterior
Algunas semanas después de aparecer el artículo del Padre
Jean Dominique, se dio a conocer que Mark Zuckerberg,
el fundador–dueño de Facebook decidió la posibilidad
de vender su base de datos total o parcialmente a quienes
tuviesen interés.
Esta situación amplía el riesgo de los usuarios registrados
porque podrán ser más fácilmente objetivo de organizaciones
diversas, con fines publicitarios en el mejor de los casos,
pero también para alimentar expedientes de entes con fines
ideológicos, políticos, extorsivos, delictivos, etc.
Y no decir del instrumento de control que representaría
para un gobierno mundial, que será necesariamente dictatorial
por no ser de inspiración cristiana católica.
Facebook decide VENDER Datos Privados de Todos.
Categoría: Internet y tecnología - Cultura cibernética
Descripción: Facebook piensa vender los datos de sus usuarios
a las compañías de marketing online. La hermana de Mark
Zuckerberg y directora del portal de redes sociales expuso
las múltiples aplicaciones que tiene la consultoría online
en la conferencia de Davos.
Privacidad: Abierto: todo el contenido es público.
Más info: www.facebook.com/group.php?gid=49050542874
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