¿POR
QUÉ ES NECESARIO
HACER PENITENCIA EN CUARESMA?
Texto de San Luis María
Grignion de Montfort,
tomado de “Amor de la Sabiduría Eterna”,
Capítulo Décimosexto: “Tercer medio para alcanzar la sabiduría: mortificación
universal”
TE ES NECESARIA LA MORTIFICACION 2. Romper con lo mundano
La Sabiduría —dice el Espíritu Santo— no mora en quienes
viven cómodamente,(1) es
decir, en quienes viven a sus anchas, concediendo a las pasiones y sentidos
cuanto apetecen, porque los que viven sujetos a los bajos instintos son incapaces
de agradar a Dios (2) y la tendencia
a lo bajo significa rebeldía contra Dios.(3)
Mi aliento no durará por siempre en el hombre, puesto que es de carne.(4)
Los que son de Cristo —la Sabiduría encarnada— han crucificado
sus bajos instintos con sus pasiones y deseos,(5)
llevan ahora y siempre en su persona la muerte de Jesús,(6)
se hacen violencia continuamente,(7)
llevan la cruz todos los días,(8)
están, finalmente, muertos y hasta consepultados con Jesucristo.(9)
Son éstas, expresiones del Espíritu Santo, que muestran con luz
más que meridiana cómo para obtener la Sabiduría encarnada,
Jesucristo, es necesario que te mortifiques y renuncies al mundo y a ti mismo.
No pienses que la Sabiduría —que es más pura que los rayos
del sol— vaya a entrar en un alma y cuerpo manchados por los placeres
de los sentidos. Ni te imagines que conceda descanso y paz inefables a quienes
aman la compañía y vanidades del mundo. Al que salga vencedor
le daré el maná escondido.(10)
Aunque esta amable Soberana —gracias a su luz infinita— conoce y
distingue en un instante todas las cosas, busca, no obstante, a quienes son
dignos de ella: Ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen.(11)
Busca, porque el número de éstos es tan reducido, que encuentra
a muy pocos bastante desapegados del mundo, suficientemente interiores y mortificados
y, por tanto, dignos de ella: de su persona, de sus tesoros y de su amistad.
CÓMO MORTIFICARSE
La Sabiduría exige para comunicarse una mortificación universal
y continua, valerosa y discreta. No se contenta con una mortificación
a medias y de pocos días.
Para alcanzar la Sabiduría te es necesario:
1. Vivir en auténtica pobreza interior y exterior
Renunciar efectivamente a los bienes del mundo, como lo hicieron los apóstoles,
los discípulos, los primeros cristianos y los religiosos. Es el modo
más rápido, mejor y más eficaz, para alcanzar la Sabiduría;
o, por lo menos, desligar el corazón de esos bienes y poseerlos como
si no los poseyeras, sin afanarte para adquirirlos, sin inquietarte por conservarlos,
sin impacientarte ni lamentarte cuando los pierdas. Todo esto ciertamente es
bien difícil de practicar.
No adoptar las modas de los mundanos en vestidos, muebles, habitaciones, comidas,
costumbres o actividades de la vida: No se amolden al mundo este.(12)
Es práctica más necesaria de lo que se cree.
3. Romper con la falsas máximas del mundo
No creer ni secundar las falsas máximas del mundo. Estas tienen una doctrina
tan contraria a la Sabiduría encarnada como las tinieblas a la luz, la
muerte a la vida. Examina atentamente sus sentimientos y palabras. Los mundanos
piensan y hablan mal de las más sublimes virtudes. Es verdad que no mienten
abiertamente, pues revisten sus mentiras con apariencias de verdad. Piensan
que no mienten, pero en realidad están mintiendo. Por lo general, no
aconsejan abiertamente el pecado, pero lo consideran como acto de virtud, honesto,
indiferente o sin consecuencias.
En esta sutileza, que el mundo ha copiado del demonio para disimular la fealdad
del pecado y de la mentira, consiste aquella malicia de que habla San Juan:
El mundo entero está bajo el poder del malo,(13)
hoy más que nunca.
4. Vivir en contacto con la Sabiduría
Huir cuanto te sea posible de la compañía de los hombres. No sólo
la de los mundanos, tan peligrosa y nociva, sino también la de las personas
de piedad cuando es inútil y hace perder el tiempo. Si deseas llegar
a ser santo y perfecto, debes poner en práctica estas tres palabras de
oro que la Sabiduría eterna dijo a San Arsenio: “¡Huye,
escóndete, calla!”.(14)
Huye en lo posible de la compañía de los hombres, como han hecho
los mayores santos.(15) Su vida
está escondida con Cristo en Dios.(16)
Guarda, en fin, silencio con los hombres para dialogar con la Sabiduría:
Hay quien calla y pasa por sabio.(17)
5. Poner en juego una ascesis cuidadosa
Para alcanzar la Sabiduría te es necesario mortificar tu propio cuerpo,
no sólo sufriendo con paciencia las enfermedades corporales, las inclemencias
del tiempo y las molestias de las criaturas durante la vida, sino también
imponiéndote algunas penalidades y mortificaciones, como ayunos, vigilias
y otras austeridades propias de los santos penitentes.
Se necesita valor para ello, porque la carne –por naturaleza– se
idolatra a sí misma y el mundo considera y desprecia por inútiles
todas las mortificaciones corporales. ¡Cuánto no dice y hace para
apartarnos de las austeridades de los santos! De cada uno de los cuales se dice
proporcionalmente: “El sabio o el santo redujo su cuerpo a servidumbre
con vigilias, ayunos, disciplinas, por el frío, la desnudez y toda suerte
de austeridades. Tenía hecho un pacto consigo mismo de no darse reposo
en este mundo”.(18)
El Espíritu Santo dice que todos los santos aborrecían hasta de
las ropas manchadas por su propio cuerpo.(19)
6. Unir mortificación interna y externa
Te es absolutamente necesario unir la mortificación externa y voluntaria,
para que sea buena, a la del juicio y a la de la voluntad mediante la santa
obediencia. Sin la cual toda mortificación queda manchada de voluntad
propia y frecuentemente es más agradable al diablo que a Dios. Por eso,
no debes hacer ninguna mortificación extraordinaria sin pedir consejo.
Yo, la Sabiduría, convivo con la prudencia.(20)
El que se fía de sí mismo es un necio.(21)
El sabio actúa con prudencia.(22)
Si no quieres tener que arrepentirte de lo que haces, no debes obrar sino después
de haber pedido consejo a un hombre prudente; es lo que te aconseja el Espíritu
Santo: No hagas nada sin reflexión; así no te arrepentirás
de lo que hagas.(23) Pide consejo
al sensato.(24)
Gracias a la obediencia, eliminas el amor propio, que todo lo malogra; haces
muy meritorio lo insignificante, quedas a salvo de las ilusiones del demonio,
vences a todos los enemigos y llegas con seguridad —casi como dormido—
al puerto de la salvación.(25)
Cuanto acabo de decir se resume en este precioso consejo: “Déjalo
todo, y al encontrar a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, ¡lo
encontrarás todo!”.(26)
NOTAS
1. Ver Job 28,12-13. // 2. Rm 8,8. // 3.
Rm 8,7. // 4. Gn 6,3. // 5. Gal 5,24. // 6.
II Cor 4,10. // 7. Mt 11,12. // 8. Lc 9,23.
// 9. Rm 6,4.8. // 10. Ap 2,17. // 11.
Sb 6,16. // 12. Rm 12,2. // 13. I Jn 5,19.
// 14. De vitis Patrum, III. Verba seniorum, nº 190: PL 73,801
// 15. Imitación de Cristo l.1 c. 20, nº 1; ver GS 1.
// 16. Col 3,3. // 17. Eclo 20,5. // 18.
Ver Breviario Romano, en la fiesta de San Pedro de Alcántara. // 19.
Jds 23. // 20. Pr 8,12. // 21. Pr 28,26. //
22 . Pr 13,16. // 23. Eclo
32,24. // 24. Tb 4,18. // 25. "La obediencia
es una navegación sin peligro, una peregrinación que se realiza
durmiendo." (San Juan Clímaco, Escala del paraíso, PG 88,679.)
// 26. Ver Imitación de Cristo, l. 3, c 2 nº 1.