COMENTARIO GENERALES AL EVANGELIO
DEL DOMINGO DE RAMOS

A) LA HISTORIA

1. Marcha sobre Jerusalén

Para un espectador agnóstico y ajeno a los fines intentados por la Providencia y Cristo, la actuación del Señor semejaría la del jefe político que, mal calculador de sus fuerzas, inicia la “marcha sobre Jerusalén”, consiguiendo un éxito pasajero, que el enemigo prudente deja pasar en silencio para acabar de una vez con su jefe en pocos días. Nosotros sabemos que fueron otros los fines altísimos del Señor.

El ambiente es el siguiente. Ha llegado el mes de Nisán o de la Pascua, y hacia el 20 ó 22 de marzo, cuando las caravanas galileas llenan los caminos de Jerusalén, Jesús inicia la marcha. Al principio, los mismos apóstoles se amedrentan y asombran de su decisión de volver a la ciudad y hasta de su paso rápido hacia ella (Mc. 10, 32-34); pero, poco a poco, milagros oportunos van aglomerando en torno del Señor a una multitud a punto de estallar, y los mismos discípulos se contagian.

En Jericó cura a dos ciegos conocidos de todos, y, después de comer en casa de Zaqueo, sale hacia Betania, penúltima etapa de su camino. Un solo gesto, y aquellas gentes, que piden para sus hijos los primeros puestos en el reino futuro (Mt. 20, 20), en vez de clamar: Bendito el que viene…, quizá bramen contra los césares.

El gesto no se produce porque Jesús deja obrar; pero, si alguna vez habla, es para explicar, sin que lo entiendan los oyentes, que se precisa que, antes de entrar en el reino del Padre, los pueblos griten: No queremos que éste reine sobre nosotros, como se lo indica en la parábola de las minas (Lc. 19, 14), expuesta en el camino de Jericó a Betania.

Por fin llega a la aldea, conmovida por la presencia de Lázaro, milagro permanente. Los dos campamentos, el nazareno y el judío, están frente a frente velando sus armas, porque es día de sábado y la festividad sólo permite que se celebre un banquete de homenaje al Taumaturgo con la presencia del resucitado. ¿Es de extrañar que del mismo Jerusalén vinieran muchos para ver reunidos a los dos?

2. Domingo de Ramos

Según San Marcos (11, 11), el Señor debió de entrar en Jerusalén por la tarde, solución que da el tiempo necesario para que pudieran desarrollarse los acontecimientos, puesto que no es fácilmente presumible que en sábado pudieran ir y venir los espías desde Betania y reunirse las nuevas asambleas en Jerusalén.

Allá, pues, en la mañana del domingo, enterados por sus emisarios del ambiente de Betania y comprobando que no eran pocos los que salían de Jerusalén para ir allá, ni escasos los que se tornaban creyentes, se reunieron y decidieron que la situación era ya intolerable y que se imponía una solución extrema, matar a Lázaro también (Jn. 12, 10), pero esperando que transcurrieran las fiestas y desaparecieran los entusiastas galileos (Mt. 26, 24).

Mientras tanto, no podían reunirse nunca circunstancias más oportunas para la expresión mesiánica que las que concurrían en Betania. Los galileos, Lázaro, la entrada ritual en la ciudad, el Maestro, que sería un centro vivo de los anhelos de siglos…

Cuando cerca ya, o pasado el mediodía, la caravana se pone en marcha, no hace falta más que una chispa, y el Señor la hace saltar mandando por su cabalgadura, contra la costumbre de ir a pie.

Corren los apóstoles, la enjaezan, y ellos mismos, al llegar al ribazo opuesto del monte de los Olivos, por entre las tiendas galileas de los peregrinos acampados, comienzan a alfombrar las calles y a gritar. Una voz aguda lanza el grito bíblico de ansias mesiánicas: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Y la gente corea con sus vivas: ¡Hosanna! Un poco más allá, otro encuentra un nuevo “slogan”: ¡Bendito el que viene de nuestro padre David! Y en medio del griterío de hosannas, los unos cortan ramas de los olivos; los de Jerusalén, avisados de lo que se prepara, salen con palmas cortadas en sus calles, y el Rey de Paz, solemne y en cabalgadura humilde, bajo los repechos del monte, atraviesa el torrente de Cedrón y sube hasta penetrar por las puertas de la Ciudad Santa. ¡Siglos han estado esperando los profetas este momento!: Ahí viene tu rey (Zac. 9, 9).

Hubo, sin embargo, un episodio que la mayoría no pudo entender, porque allá entre los olivos, al dar vuelta a la ciudad, Jesús lloró. Las lágrimas de un Dios ante las gracias que desperdicia el hombre…

B) LOS TEXTOS

1. Cuando próximos ya a Jerusalén…

¿Por qué decidió el Señor celebrar su entrada en la ciudad del modo que vamos a comentar?

1º) Para que, uniendo pompa y humildad, convenciese con la primera a los judíos de que era el rey profetizado, y con la segunda les diera a entender las condiciones de su reinado. Se quiere mostrar digno de honores, y los acepta; quiere hacer ver que conoce el futuro y sabe mover los corazones, pero quiere también humillar nuestro concepto de la gloria mundana, y en medio de su triunfo escoge cabalgadura humilde y gentes sencillas. Mirando a este día aprenderemos de Cristo, digno, como el Cordero, de todo honor y alabanza (Apoc. 5, 12), rodeado de niños, a quienes defiende, y de enfermos, a los que cura.

2º) Para darnos a entender la alegría con que va a la muerte, que poco antes (Lc. 18, 32-33) había anunciado, y que es cosa gloriosa cumplir la voluntad del Padre. El Domingo de Ramos fue para los mártires el camino del suplicio, aun en medio de las naturales repugnancias de la carne.

3º) Para enseñarnos a despreciar las glorias del mundo, que tan rápidamente truecan un hosanna por un crucifige, y cuya veleidad conocía tan bien, que lloró al ver la ciudad que lo recibía entre palmas.

4º) Para que con todo ello lo reconozcamos como rey, y pues lo es de tal forma que va delante de sus súbditos señalándoles el camino, lo sigamos en medio de los honores, sin apreciarlos, hasta llegar a la cruz, que fue el centro de su vida. ¿Estamos dispuestos a ello nosotros, a quienes la sola previsión de un mal ligero nos detiene?

2. Llegaron a Betfagé

Betania distaba de Jerusalén unos 2.400 metros, y Betfagé unos 1.800. No era más que una pequeña alquería, cuyo nombre significa “casa de los higos verdes”, situada en la vertiente oriental del monte de los Olivos.

3. Envió Jesús a dos discípulos

Dos, según su costumbre, lo que ha dado ocasión al conocido comentario: para que la caridad y la paciencia pudieran tener lugar.

Id a la aldea. — Esta aldea (castillo, según la Vulgata) ha permitido a los predicadores medievales dar rienda suelta a su fecundidad alegórica. El castillo es el mundo; los apóstoles, principalmente Pedro y Pablo, son enviados a él. Aducimos esta muestra para suprimir las muchas alegorías con que fueron empedrando el comentario del evangelio de la presente domínica.

Encontraréis una borrica atada, y con ella el pollino. — No sin razón especial multiplica el Señor en estos días las pruebas de su conocimiento profético. Hoy les comunica cómo encontrarán a las dos bestias. Pasados tres días hará lo propio con el cenáculo. Y es que golpe tan profundo como había de ser la pasión necesitaba todos estos reconfortantes previos. De momento, los apóstoles no entendían apenas cuanto les iba ocurriendo. Pero después, tranquilos ya, les vino todo a las mientes, confirmándolos en su fe al comprobar cómo fue el Señor, porque quiso, a una muerte que conocía.

Una borrica atada, y con ella el pollino. — San Mateo nos habla de la borrica, y San Lucas da el detalle de que el asno no había sido montado por nadie todavía (Lc. 19, 30), lo que justifica que fuera llevada también la madre para que marchase con facilidad detrás de ella.

Los Santos Padres, y tras ellos los autores medievales, han visto en la pollina al pueblo judío, que marchó delante de los gentiles, y a éstos en el pollino, que, indómito y todo como era, fue, sin embargo, quien recibió al Señor.

Soltadlos y traédmelos. — Como Señor, dispone de sus criaturas, ya que toda propiedad humana lo es ante Dios. Alegóricamente también se ha solido ver a los apóstoles soltando las ataduras del pecado y de la infidelidad.

4. El Señor los necesita, y al instante los dejarán

A pesar de la versión de Nácar-Colunga, la traducción corriente es: El Señor los necesita y al instante os los devolverá. El dueño debía ser amigo y conocer a Jesús por “el Señor”. Advirtamos la necesidad de Cristo, “El Señor tiene necesidad de vosotros… Como la luz de las tinieblas, como la fuente refrescante del viajero sediento, como la medicina del enfermo, como el bienhechor rico del pobre. Es la necesidad propia del amor, que exige expansionarse, comunicarse y repartir sus beneficios” (Dehaut). Somos nosotros los que sin Ti no valemos nada, Señor nuestro; pero eres Tú el que nos pides para duplicarnos lo que te damos. Eres el único que pide, no para su bien, sino para el de aquel que le da algo.

5. Esto sucedió para que se cumpliera

Algo parecido ocurre, con el cuidado que tienen los apóstoles de manifestar el cumplimiento de las profecías sobre la pasión, con lo que llevamos dicho sobre la visión profética de Cristo. Después se dieron cuenta de que todo estaba anunciado.

Además, debemos entender que, si bien, en cuanto a nosotros, el cumplimiento de los vaticinios del Antiguo Testamento ha pasado a un segundo lugar, que suele dormir en los libros de texto, debido a la luz deslumbrante de los milagros del Señor, que por sí solos se bastan y sobran para demostrar su divina legación, en cambio, para los judíos, que habían vivido durante siglos en la lectura de los profetas, eran estos vaticinios un argumento validísimo, como notaron bien los primeros apologistas, que hacen de ellos uso muy frecuente.

6. Decid a la hija de Sión

San Mateo cita de memoria, según la versión de los LXX y resaltando la mansedumbre del Señor. En realidad, la profecía íntegra es: Salta de júbilo, hija de Jerusalén. Mira que viene a ti tu rey, justo y salvador, humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna (Zac. 9, 9). La frase Decid a la hija de Sión se le vino a la memoria, probablemente, recordando un magnífico trozo mesiánico de Isaías que comienza de ese modo (Is. 62, 11).

San Marcos, al citar a Zacarías, se propone resaltar que se trataba allí de una verdadera entrada mesiánica, y que ésta había de verificarse, según los designios de Dios, de guisa harto diferente de la que el pueblo imaginaba, no siendo su intención la de hacer resaltar el hallazgo de los animales, sino al Príncipe de la Paz.

Según Maldonado (cfr. BAC, t. 1, pág. 735), la palabra hebrea que Nácar traduce por humilde, y San Mateo, conforme los LXX, por manso, debe leerse pobre, de la misma raíz que humilde y de casi igual significado, pues los pobres suelen serlo.

Zacarías no habla sino de un asno, y la repetición sobre un pollino hijo de asna no es otra cosa que el acostumbrado paralelismo hebreo.
Justo, salvador y pacífico. Éste es nuestro Rey, y ¡qué trabajo nos cuesta seguirlo en su paz, a nosotros que tan fáciles somos en aclamar jefaturas deslumbrantes en la tierra! ¿Será la falta de un aparato externo que la virtud no nos comunica, o será quizá esa justicia de santidad que no queremos seguir porque somos malos?

7. Fueron los discípulos e hicieron como les había mandado Jesús

Obediencia pronta en los apóstoles y entrega rápida en el dueño.

Pusieron sobre éste los mantos. — Parece cosa natural enalbardar con algo las bestias, pero, sin embargo, es ya el comienzo alborozado de la entrada. Los apóstoles habían entendido muy bien que la petición del Señor significaba su voluntad de solemnizar la entrada, ya que lo escaso de la distancia no justificaba la necesidad de una cabalgadura en quien siempre había caminado a pie. Por eso fue allí ya al comenzar a agitarse, y no sólo a preparar, sino a adornar las cabalgaduras.

Y encima de ellos montó el Señor. — Este encima de ellos se refiere a los mantos, no a los burros. Y apena pensar cuánto papel se ha gastado en averiguar si el Señor cabalgó sobre ambos o sobre el pollino sólo, como claramente dicen San Lucas (19, 35) y San Marcos (11, 7). Hasta el mismo Strauss ha metido su cuarto a espadas buscando contradicciones evangélicas, como si éstas, en buena crítica, cuando versan sobre asuntos de detalle y poca monta, no fueran signos de veracidad y exclusión de connivencia.

¿Qué nos importará si arreglaron ambas bestias para que el Señor eligiera su montura o, según los códices D y los antiguos latinos, enjaezaron sólo una?

8. La numerosísima muchedumbre extendía…

Este es el cuadro. Delante y detrás, las turbas, y el Señor sereno resaltando sobre todos como Rey de paz.

Lo han precedido muchedumbres de gentes que vinieron en su deseo, patriarcas, profetas y justos del Antiguo Testamento. Muchedumbres de mártires y santos lo han seguido. ¿Marchamos entre las filas de éstos?

No puede darse mejor descripción de Cristo Rey que la que dio el profeta: Rey de cielos y tierra, a cuyo servicio nos debemos consagrar. Rey que viene a ti para entregarte sus tesoros y llevarte a Él. Justo con justicia fundada en su sabiduría y santidad, fuente a su vez de una y otra. Justo cuando llegue el momento; pero en tanto, Salvador, humilde o manso, en su vida y pasión.

Extendían sus mantos…, cortando ramos…, para alfombrarlo. — Costumbres son éstas que revivimos hoy, sobre todo el día del Corpus, y que en el Antiguo Testamento se repiten en entradas triunfales (cfr., por ejemplo, IV Re. 9, 12).

Pero todo ello no debe ser sino un símbolo de nuestro corazón y de sus afectos, colocados a los pies del Señor. Peana suya seremos, y a nosotros nos incumbe elegir entre ser la de su reinado de amor o el escabel que un día formará para sus pies con sus enemigos.

9. Hosanna al hijo de David

Hosanna significa simplemente: ¡Viva! El hijo de David es un título evidentísimamente mesiánico, como lo es también el que viene.

Muchos traducen bendito el que viene en nombre del Señor, sin que ello varíe el sentido. El hossana en las alturas no es sino un asociarse con el cielo en la fiesta mesiánica.