¡Por Cristo y María! ¡Luchar o morir! Conozca el Campamento San Gabriel Arcángel

Marzo 01, 2019
Origen: Distrito América del Sur
Campamento San Gabriel 2019, San Clemente, Córdoba

Cada año, en el mes de enero, tiene lugar el campamento San Gabriel Arcángel para jóvenes de 14 a 19 años. Conozcamos por dentro esta obra de la FSSPX en el Distrito América del Sur.

¿Qué es el "Campamento San Gabriel"?

Muchos padres de familia, al llegar las vacaciones de verano, se preguntan ¿Qué haremos en estas vacaciones?.  Esta pregunta puede tener varias respuestas, dependiendo de los intereses de cada grupo familiar; algunos preferirán pasar el tiempo en casa, otros, quizás, quieran viajar, según las posibilidades de cada uno. 

Pero hay muchos que deciden enviar a sus hijos a las actividades veraniegas organizadas por los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X a pesar de las objeciones que les hacen, tales como: ¿Vas a mandar a tu hijo a un campamento? ¿Qué hacen allá? ¿Acaso no es mejor que pases el tiempo con él ya que durante el año tenés un montón de ocupaciones? 

Sin embargo, los más valientes, siguen decidiendo enviar a los niños y jóvenes a unos cuantos kilómetros de distancia, a que lleven una vida “sacrificada”, difícil… ¿Por qué? ¿Es que acaso no los quieren o no los soportan? Intentaremos responder a estas y muchas otras preguntas a lo largo de este breve artículo.

¿Para qué sirven los campamentos, y el campamento San Gabriel en particular? La finalidad propuesta en esta clase de actividades se puede plantear en cuatro aspectos distintos:

Que los jóvenes reciban una formación espiritual y moral:

Es cierto que muchos jóvenes ya han concluido sus años de estudio del catecismo, han recibido los sacramentos, pero el error estaría en pensar que ya han sido formados completamente.

El hombre al ir atravesando las distintas etapas de su vida va enfrentando diferentes dificultades y la edad de la juventud, en particular, no está exenta ni de los problemas ni de los peligros. Es así, que el Campamento San Gabriel quiere venir en ayuda de los padres de familia para continuar la ardua tarea de formar sólidamente a sus hijos, tanto en el avance de la vida espiritual como en la consolidación de la vida moral de estos jóvenes.

Especialmente en el mundo actual, donde se expone a la juventud a tantos peligros para la inteligencia y la voluntad, se vuelve necesario reforzar la formación recibida en la niñez, teniendo siempre presente aquella sentencia del libro de la Sabiduría: Por la senda que transite el hombre en su juventud, por esa misma senda caminará en su vejez.

Si queremos hombres virtuosos, hombres de fe, hombres cabales, es imperioso darles los medios en la edad joven, de tal manera que formen hábitos sólidos tanto intelectuales como morales. Intelectuales, para juzgar de las cosas terrenas como es debido juzgar de ellas; morales, para que sean hombres virtuosos, hombres de bien, en fin, hombres llenos del amor de Dios, llenos de Caridad.

¿Cómo puede ayudar el campamento en este aspecto? A través de las conferencias dictadas por los ayudantes (religiosos o laicos) y a través de los sermones diarios, se busca la formación intelectual. En cuanto a lo moral, las conversaciones diarias, estando los ayudantes siempre disponibles para responder a sus preguntas, y, especialmente, por la frecuencia de los sacramentos, grandes medios de salvación, de la Eucaristía y la Confesión. La “corona” de esta formación moral, es el propósito que cada campamentista debe formar y cumplir a lo largo del año, propósito que le ayude a ser mejor cada día.

Aprender a vivir en la naturaleza:

Sí, la vida del campamento no es como la vida en la ciudad. Aquí se acaban los colchones cómodos, al ser reemplazados por la bolsa de dormir; también finalizan los “caprichos” en la comida, debemos comer lo que se ha podido comprar lo recibido en donaciones; hay que despertarse temprano, lavarse con agua fría la cara y las manos, comer sentados en un tronco, etc.

Pero todas estas experiencias, lejos del ambiente citadino, permiten que nos demos cuenta de que para vivir no son necesarias tantas cosas y que la naturaleza no es un enemigo, sino, al contrario, Dios ha colocado en ella lo necesario para la supervivencia del hombre.

Uno de los daños más grandes para la formación del carácter es la falta de espíritu de sacrificio. Nuestras grandes ciudades nos han acostumbrado a que todo lo tenemos cerca, todo lo tenemos fácil, todo lo tenemos cómodo. Y estas comodidades dañan el espíritu de renuncia, dañan el deseo de esforzarse por conseguir lo que necesitamos para vivir. Y, en este punto, muchos padres de familia perciben claramente el daño producido a sus hijos al darles absolutamente todo lo que piden, quieren o desean, de la manera en que lo quieren o desean.

El campamento busca enseñarles a los niños y a los jóvenes: en primer lugar, qué es necesario y qué no lo es, a prescindir de lo superfluo; en segundo lugar, que aprendan a admirar la hermosura y la belleza de la naturaleza, puesto que ambas cualidades contrastan profundamente con la “belleza” de la ciudad (es más hermoso un cielo iluminado por estrellas y la luna, que iluminado por las luces de las grandes avenidas), de allí que una de las actividades son los paseos, las largas caminatas, los fogones, etc.; en tercer lugar, que aprendan a valorar lo que sus padres, con gran esfuerzo, han podido darles; y, por último, se busca enseñarles el valor del sacrificio y del trabajo, que tan necesario les será en la edad adulta.

Generar sanas amistades:

El hombre es un animal social, y como tal tiene la necesidad, por naturaleza, de relacionarse con los demás, a fin de poder llegar a su perfección. Esta comunicación implica, necesariamente, compartir bienes (principalmente los que son del alma, como sabiduría, virtudes, etc.), y es en ella en donde encuentra su fundamento la relación de amistad. Por lo que, cuanto más perfecto es el bien comunicado entre los amigos, más perfecta será la relación entre ellos, es decir, el lazo amical será también más excelente y sólido.

Ahora bien, en la edad de la juventud, cuando los niños van dejando de serlo y se van convirtiendo en hombres, la amistad tiene una importancia suma, porque lo aprendido en la niñez sobre la vida en sociedad, comienza a practicarse por relaciones que el mismo individuo va forjando y eligiendo.

Es por esto, que, en esta etapa de la vida humana, se van estableciendo los lazos amicales, y, de allí, la importancia de buscar que esos lazos se establezcan en la comunicación del bien más noble y excelente que se puede dar entre los hombres. ¿Qué bien puede ser más alto que la virtud? Pues la respuesta es el mismo Dios.

Por eso el campamento trata de que los jóvenes de las distintas provincias del mismo país o, muchas veces incluso, de otros países, conozcan a sus semejantes que se esfuerzan por llevar la misma vida cristiana y que entre ellos vaya fundándose ese lazo tan importante, el de la amistad, pero en la comunicación, principalmente, del bien más alto que un hombre puede compartir con otro: el mismo Dios.

Para lograr este fin se vale de la distribución de los participantes en distintos grupos que deberán compartir las mismas miras y actividades: trabajos, juegos, paseos, etc. Por un lado, al pertenecer a un grupo, que en el campamento se llaman patrullas, con jóvenes de otros lugares, los chicos deben dejar de lado lo accidental y poner toda su atención en lo esencial que los une, es decir, se va ejercitando y fortaleciendo la virtud de la caridad fraterna. Incluso van aprendiendo a renunciar a sus costumbres con tal de forjar un vínculo sólido, cuyo fundamento es el amor de Dios y el amor del prójimo con motivo de Dios.

Reconocer el dedo de Dios en la creación, recorriendo las distintas provincias de nuestro país:

“Es de bien nacido, ser agradecido”, reza un dicho popular.

La virtud de la gratitud es aquel hábito que dispone al alma a ser agradecida para con aquél que le ha realizado un beneficio. Ahora bien, es necesario, en primer lugar, reconocer el bien que se nos ha realizado para, luego, agradecer a nuestro benefactor.

Por esto el campamento intenta, al ser realizado en distintas partes del país o en distintos paisajes, que los jóvenes reconozcan el don admirable que Dios ha depositado en la naturaleza y cómo ella es un vestigio, una imagen pequeña, de la misma grandeza divina.

Paisajes variados, provincias distintas, pero, sin embargo, son todos efectos de la omnipotencia y bondad divinas que ha querido plasmar en la creación material algunos pálidos rasgos de su propia excelencia. Si un lago, un bosque, una montaña son tan hermosos, entonces: ¿Cuál será la belleza del creador de estas realidades? Dice San Pablo: Ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman.1

Es por tanta bondad derramada, que los jóvenes admiran en los campamentos, por la que debemos estar agradecidos a la magnificencia y liberalidad divinas, que tantos bienes nos ha prodigado.

Ahora bien, esta virtud, de la gratitud, es necesaria para toda la vida humana, y se funda en un deber: Ante el beneficio recibido debo agradecer. No es extraño que en un tiempo de “derechos”, como el actual, se vuelva muy difícil la convivencia humana por faltar el ánimo agradecido, reinando el ánimo de reclamo constante.

Finalmente, luego de recorrer los fines del Campamento San Gabriel podemos darnos cuenta de la importancia de esta actividad, y otras semejantes, para la formación del alma cristiana. Podemos ver que los padres que deciden enviar a sus hijos a los campamentos y los jóvenes que deciden participar de ellos, ambos, buscan bienes muy grandes y muy altos para los niños y para la juventud.  No se trata de una falta de amor o de paciencia, sino todo lo contrario, se trata de un amor muy grande, se trata de una verdadera caridad.

  • 1. I Corintios 2, 9