Editorial de la revista Jesus Christus 162: Angelelli y el Gauchito Gil

Julio 04, 2019
Origen: Distrito América del Sur
Monseñor Enrique Angelelli y algunos políticos de La Rioja, Argentina

Lea la editorial del Superior de Distrito sobre las canonizaciones en el magisterio conciliar con motivo de la beatificación del Monseñor Enrique Angelelli.

Sobre beatificaciones y reconocimientos actuales

Me llegó la noticia de la beatificación de Monseñor Angelelli por un diario, laico y liberal.1 El artículo, corto y contundente, se intitulaba Una beatificación de tono político-ideológico… Un título sugestivo, ciertamente.

El 4 de agosto de 1976 –decía el periódico– falleció monseñor Enrique Angelelli, tras el vuelco del automóvil en el que viajaba en la ruta nacional 38, en La Rioja, junto al padre Arturo Pinto, quien sobrevivió. En el sumario inmediatamente labrado, luego de exhaustivas medidas de prueba –es decir, autopsia, peritaje accidentológico, fotos en el lugar del suceso y la declaración de Pinto, en la que alegó pérdida de la memoria y estado de shock–, se archivó la causa que en su momento se caratuló «Angelelli, monseñor Enrique A. s/fallecimiento».

Un accidente, y nada más.

Años más tarde, el asunto fue llevado nuevamente a la Justicia que, por segunda vez, definió que no se podía demostrar que el accidente se hubiese debido a una acción dolosa. Fue recién en 2014 cuando, correspondiendo a la concepción imperante, un tribunal local arribó a la conclusión contraria. Se imaginará el Lector la seriedad de pruebas aportadas cuarenta años después…

En todo caso, ultimaba el artículo,

aun si hipotéticamente hubiese sido un asesinato, Angelelli no sería mártir por defender la fe. El obispo riojano tenía una activa y probada vinculación con la organización terrorista Montoneros… 

De ahí, concluía: Angelelli, una beatificación política-ideológica.

Angelelli, mártir de los decretos conciliares

Más allá de ideologías políticas, hay un trasfondo religioso que respalda la beatificación. Una doctrina justifica la decisión de presentarlo como modelo a admirar por los fieles e imitar.

En la homilía de la beatificación de Angelelli (junto a otros tres), el Cardenal de la Congregación para la Causa de los Santos decía:

Los cuatro Beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales. Se trataba de una obra de formación en la fe, de un fuerte compromiso religioso y social, anclado en el Evangelio, en favor de los más pobres y explotados, y realizado a la luz de la novedad del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el fuerte deseo de implementar las enseñanzas conciliares. Podríamos definirlos, en cierto sentido, como «mártires de los decretos conciliares».2

Mártir de los decretos conciliares, extraña expresión, ¿es una nueva categoría de santidad?... ¿Y qué “virtudes” son las de los mártires conciliares? Promoción de las clases explotadas, defensa de la dignidad de los pobres y compromiso social, son las nuevas maneras de vivir la santidad.3 Éstas son las virtudes de los santos modernos, de los santos del Concilio. Nuevos santos, para una nueva doctrina.

Fuera de la Iglesia Católica hay santidad (Gaudete et Exsultate)

El caso Angelelli, estimado Lector, nos hace patente la necesidad de estudiar los nuevos criterios según los cuales la autoridad juzga la santidad.

El año pasado el Papa Francisco publicó la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo moderno. Justo el tema que nos ocupa. El documento aclara que no es un tratado sobre la santidad. La exhortación tampoco es un “manual” de los procesos canónicos de canonización.4 Su propósito es encarnar el llamado a la santidad en el mundo actual.

Allí encontramos la explicitación de la doctrina conciliar en relación a la santidad fuera de la Iglesia Católica.

La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo». Por otra parte, san Juan Pablo II nos recordó que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes».5

Los Papas postconciliares reconocen, entonces, que para ellos hay mártires no-católicos santos… ¿Tendremos el día de mañana canonizaciones de santos confesores luteranos, calvinistas u ortodoxos? Es una cuestión de tiempo, del momento en que se quiera sacar las conclusiones de los principios puestos por el Concilio.6

Doctrina y santidad: No todo lo que dice el santo es plenamente fiel al Evangelio

En los procesos de canonización, una de las primeras investigaciones era sobre la ortodoxia de doctrina del supuesto santo. Si se encontraba, en sus escritos o dichos, algo que no estuviese en conformidad con el dogma católico, no avanzaba el proceso.

Sin embargo, la Exhortación citada aclara que no todo lo que un santo ha dicho debe necesariamente corresponder con el Evangelio. Por eso pide no meterse en detalles:

Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida.7

La puerta queda abierta: el santo podría tener afirmaciones erradas en relación a la doctrina evangélica.

Por otra parte, en numerosos pasajes de la Exhortación y en otros tantos sermones y documentos, el actual Pontífice insiste en que no conviene obsesionarse por la doctrina8 porque la santidad transciende la seguridad de  un conjunto de verdades bien dichas. Confiar en la expresión meticulosa de la doctrina y aferrarse a la certeza en los dogmas aparejaría el riesgo de encerrarse en sí mismo impidiendo llegar al misterio de Dios.9 Y, citando a otro santo postconciliar, Monseñor Óscar Romero, afirma:

El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto que reclama mi amor. El cristianismo es Cristo.10

Uno de los males causados por refugiarse en la seguridad y certeza de la doctrina, sería un elitismo narcisista y autoritario por el cual se analiza, controla y clasifica a los demás.11 Esta actitud “doctrinaria” ha llevado –sigue el razonamiento– a acusar a otros apoyándose en sus sistemas de pensamiento. El ejemplo que pone el Papa suena a una justificación adelantada de la beatificación de Angelelli:

Es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si sólo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden.12

  • 1. La Nación, 30 julio 2018
  • 2. Cardenal Becciu, homilía de beatificación, 27 abril 2019, La Rioja
  • 3. Cfr. La constitución conciliar Gaudium et Spes invita, en su segunda parte, al compromiso social al estilo Angelelli (números 63 y siguientes)
  • 4. Aunque, de hecho, los procesos de canonización y la doctrina están íntimamente relacionados. Cfr. Gaudete et Exsultate nº 6 y el motu proprio Maiorem hac dilectionem, cuando se admite el ofrecimiento de la propia vida como nuevo causal (o iter) en el proceso de canonización
  • 5. Exhortación Gaudete et Exsultate, del 19 marzo 2018, nº 9. En adelante será citada como GE
  • 6. Lumen Gentium 8: “Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica”
  • 7. GE 22
  • 8. Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit, del 25 marzo 2019, nº 212: “Calmemos la obsesión por transmitir un cúmulo de contenidos doctrinales, y ante todo tratemos de suscitar y arraigar las grandes experiencias que sostienen la vida cristiana”
  • 9. GE 41: “Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta… Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.” GE 36: “El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan…”
  • 10. Christus vivit nº 156
  • 11. GE 35: “Quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo... Estas dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar”
  • 12. GE 101. Cfr. también GE 102: “Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas ‘serios’ de la bioética”
"El Gauchito Gil" protagonista de una superstición popular argentina estrechamente ligada con "San La Muerte"

El Gauchito Gil

Ya tenemos numerosas indicaciones sobre cuáles son los criterios según los cuales la autoridad eclesial determina la santidad. Ahora abordemos otro asunto. En efecto, más allá del juicio sobre la santidad de una persona en particular, la Iglesia también puede juzgar algunos acontecimientos de carácter religioso indicando al pueblo fiel si es algo de Dios o no lo es. Mencionemos tres declaraciones recientes que nos permiten entender cómo ejerce su autoridad el magisterio actual.

Recientemente los obispos argentinos realizaron la visita ad limina. Uno de ellos, Monseñor Fernández, dirigió una carta a su diócesis después de haberse reunido con el Papa.1 Escribía:

El Papa destacó mucho el valor de la religiosidad popular, mejor llamada “piedad” popular o “espiritualidad” popular, como en Aparecida. Dijo que a veces el elitismo en el clero lleva a despreciar estos caminos espontáneos como el pueblo de Dios expresa su fe. Recomendó la lectura del filósofo Kusch y valoró algunos procesos educativos como el que se realizó con la figura del Gauchito Gil, donde se puso el acento en la Cruz que el gauchito veneraba.

Llama la atención el reconocimiento de una “devoción” que está ligada grandemente a la superstición.2 Consideremos dos casos más en que nos parece encontrar el mismo fundamento doctrinal: la piedad popular.

La Virgen del Cerro de Salta y la Reina de la Paz de Medjugorje

En marzo pasado el susodicho entronizó, en una importante iglesia de su diócesis, una imagen conocida como la Virgen del Cerro, una supuesta aparición de la Virgen a una supuesta vidente en Salta.

El clero salteño, con el obispo a la cabeza, públicamente mostró su desagrado. El 8 de marzo escribía:

Por la presente, queremos compartir nuestro asombro ante la noticia de la "entronización" en la Basílica de San Ponciano, en La Plata, de una imagen denominada "virgen del Cerro" por parte del Arzobispo de La Plata. Mostramos nuestra perplejidad pues no se trata de una advocación aprobada por la Iglesia y nuestro Arzobispo y nosotros junto con él manifestamos nuestras serias dudas sobre el fenómeno de las supuestas apariciones en Salta. Tal anuncio y acción han provocado escándalo en el Pueblo Santo de Dios que peregrina en Salta y siembra división.

Arzobispo contra arzobispo, clero contra clero… Todo reino dividido, en el decir de Nuestro Señor.

¿Peleas de curas, nada más? Podría ser, pero hay algo más. Es el motivo doctrinal en el que se escuda Monseñor Fernández quien fundamentó su accionar en que la imagen despierta devoción en muchas almas.

En esto, el arzobispo de La Plata fue un adelantado pues, un par de meses después, la Santa Sede hizo lo mismo reconociendo Medjugorje. No afirma que las supuestas apariciones sean verdaderas. Tampoco se pronuncia sobre la doctrina de los mensajes. Sólo reconoce que esta devoción produce frutos de gracia y que, por lo tanto, corresponde a los pastores reconocerla y sostenerla.3

La piedad popular, lugar teológico donde se encuentra el Espíritu

El Gauchito Gil, la Virgen del Cerro y Medjugorje, ¿por qué reconocer oficialmente hechos religiosos en los cuales no hay certeza del origen divino y cuyo mensaje doctrinal no ha sido aprobado? La explicación se encuentra en la importancia que actualmente se da a la religiosidad o piedad popular. Ella indicará la presencia del Espíritu y exigirá, entonces, la atención de los obispos. La autoridad no deberá coartarla –esto sería “clericalismo”, acusación de moda en ambientes clericales– sino reconocerla, apoyarla y, en todo caso, rectificar lo que esté un poco torcido. Esta doctrina ha sido desarrollada, como indica Monseñor Fernández, en el documento de Aparecida del 2007 y luego retomada por el Papa Francisco en su exhortación programática, Evangelii Gaudium.

En la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo. En algún tiempo mirada con desconfianza, ha sido objeto de revalorización en las décadas posteriores al Concilio.4

Como bien indica el Papa, la revalorización de la espiritualidad popular es fruto del Concilio.

En la piedad popular… subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención...5

Lugar teológico… fuerte la expresión.

¿Y por qué deberá el obispo reconocer un acontecimiento que no considera auténticamente de Dios? Porque el pueblo no se equivoca. Porque el pueblo tiene un instinto especial para discernir lo que es de Dios, por lo que no se equivoca cuando cree. Ésta es la respuesta del Concilio, y del Papa Francisco.6

El pastor, entonces, tendrá que dejarse guiar por sus ovejas. Deberá aprender de ellas. No siempre él debe ir delante del rebaño. Sus ovejas tienen un instinto u olfato que descubre nuevos caminos.

El obispo a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo… y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo… sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.7

Ahora sí se comprende por qué se puede rescatar la figura del Gauchito Gil –con los procesos educativos que se quiera– o el reconocimiento de devociones como la Virgen del Cerro o Medjugorje. En ellas hay algo de Dios, pues el pueblo les tiene devoción. Es el pueblo quien encarna el Evangelio en su propia cultura y tiempo. La autoridad debe secundar la religiosidad popular dejándose guiar por el instinto popular de la fe (el nuevo sensus fidei de Lumen Gentium).

La infalibilidad del Pueblo de Dios y el ejercicio del magisterio

A través del nuevo concepto de la infalibilidad del Pueblo de Dios, el Concilio ha logrado atemperar el ejercicio de la autoridad magisterial de obispos y Papas, pues consideró fundamental que la Iglesia se adaptase a un mundo y cultura marcada por el culto y respeto a la libertad. Ya no estamos en épocas en que la autoridad impone su enseñanza sin respetar la libertad de los súbditos y sin dialogar con ellos. Esto implica un nuevo ejercicio de la autoridad.8

En consecuencia, los obispos deben escuchar al pueblo y saber darle su lugar. Los Papas también deben escuchar los obispos y saber darles su lugar a las conferencias episcopales.9 Un ejemplo concreto: desde 1969, los procesos de canonización han sufrido distintas reformas con vistas a una descentralización a favor de las conferencias episcopales. Lo cual plantea el interrogante si se debe dar el mismo grado de autoridad a las canonizaciones postconciliares.10

Saber distinguir entre santos anteriores al Concilio y santos conciliares

Podemos ir concluyendo. En la beatificación de Angelelli, la autoridad nos enseña que hay nuevos santos para una nueva doctrina. La Exhortación Gaudete et Exsultate nos recuerda que, según el Concilio, hay santidad fuera de la Iglesia Católica. Asimismo nos advierte que no todo lo que dice un santo es necesariamente ortodoxo (conforme al Evangelio) previniéndonos contra la obsesión de examinar todo meticulosamente según la doctrina. Por otra parte, el reconocimiento de la devoción popular como lugar teológico implica un nuevo modo de ejercer la autoridad magisterial según la cual se enseña principalmente in persona Populi Dei, más que in Persona Christi.11

Estas advertencias indican que no se deben aplicar los mismos criterios con los santos actuales que con los anteriores. No parecería conveniente distinguir entre santos “tradicionales” y “conciliares”, pero es la misma autoridad la que ha introducido esta nueva categoría.12 Además, no se puede negar que hay un nuevo modo de considerar la santidad el cual deriva de una nueva manera en que la Iglesia se relaciona con el mundo.

Con todas estas advertencias del magisterio actual, se puede concluir que sería un grave error no reconocer una diferencia entre santos anteriores y santos actuales (incluyendo los procesos de canonización).

Guiados por Monseñor Lefebvre, nuestra congregación no ha adoptado en su calendario litúrgico la fiesta de los santos canonizados luego de las reformas conciliares. Incluso la de aquéllos en los cuales es evidente la santidad, como el Padre Pío de Pietrelcina.13 Con esta medida prudencial, evitamos elegir a qué santo sí (o a qué santo no) dar culto público –cosa que ciertamente no corresponde–, esperando el día en que la autoridad revisará los años confusos del Concilio y volverá a dar a nuestra Santa Madre la Iglesia la identidad católica que tantos santos ha engendrado para el cielo.

  • 1. Informe a la comunidad arquidiocesana sobre la visita Ad Limina, del 2 de mayo pasado
  • 2. Hay distintas versiones sobre quién fue el Gauchito Gil y sobre su comportamiento (cuatrero, desertor, ojo alegre). En todo caso, según la leyenda, Gil advirtió al comisario que lo iba a ejecutar que su hijo se iba a morir si no invocaba su nombre. Este fondo de creencias y de supersticiones está muy ligada al culto a San La Muerte. De hecho, es frecuente ver la imagen del Gauchito Gil al lado de San La Muerte
  • 3. Alessandro Gisotti, de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, especificó que la autorización papal debe ir acompañada de "atención para evitar que estas peregrinaciones se interpreten como autenticación de los acontecimientos conocidos que aún requieren un examen por parte de la Iglesia. Por lo tanto, debe evitarse que tales peregrinaciones creen confusión o ambigüedad bajo el aspecto doctrinal… Dada la considerable afluencia de personas que van a Medjugorje y los abundantes frutos de la gracia que han surgido esta disposición es parte de la particular atención pastoral que el Santo Padre ha querido brindar a esa realidad, dirigida a favorecer y promover los frutos del bien”
  • 4. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, del 24 noviembre 2013, nº 123. En adelante será citada como EG
  • 5. EG 126
  • 6. La justificación teológica es la doctrina conciliar del sensus fidei. Según ella, el pueblo tendría un instinto para discernir lo que es de Dios. EG 119: “En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu… El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible ‘in credendo’. Esto significa que cuando cree, no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe… Dios dota a la totalidad de los fieles de un instinto de la fe —el sensus fidei— que los ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios.” Estas afirmaciones del Papa Francisco no son innovación sino repetición actualizada de la doctrina conciliar en Lumen Gentium 12
  • 7. EG 31
  • 8. San Pío X ya lo había denunciado: “Los modernistas se entregan de lleno a buscar medios para conciliar la autoridad de la Iglesia con la libertad de los creyentes.” El Papa santo explica que, según la concepción modernista, el magisterio depende de los creyentes en cuanto son éstos los que indican la evolución de las creencias y en cuanto aquél debe escucharlos sin poner límites a sus inspiraciones y a su libertad. “Como, en resumidas cuentas, el magisterio nace de las conciencias individuales y para bien de las mismas conciencias se le ha impuesto el cargo público, síguese forzosamente que depende de las mismas conciencias y que, por lo tanto, debe someterse a las formas populares. Es, por lo tanto, no uso, sino un abuso de la potestad que se le concedió para utilidad, prohibir a las conciencias individuales manifestar clara y abiertamente los impulsos que sienten, y cerrar el camino a la crítica impidiéndole llevar el dogma a sus necesarias evoluciones.” Cfr. Encíclica Pascendi, nº 22 y 24
  • 9. EG 32: “El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta. Pero este deseo aún no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal”
  • 10. Padre Álvaro Calderón, FSSPX, Las canonizaciones en el magisterio pontificio de ayer y de hoy. ¿Cómo juzgar?
  • 11. Cfr. La lámpara bajo el celemín, Padre Álvaro Calderón FSSPX (primera edición), pág. 210: “Sumisos al diálogo, los Papas no confirmaron el Concilio subordinándolo a su carisma personal, in persona Christi, sino subordinándose ellos al sensus fidei, obrando entonces in persona Populi Dei”
  • 12. El Cardenal Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, homilía de la beatificación de Mons. Angelelli
  • 13. Evidencias de la santidad del Padre Pío son muchas: su misma vida, los estigmas durante 50 años, los milagros realizados por su intercesión antes y después de su muerte, su cuerpo incorrupto. Sin embargo, en la Fraternidad no se celebra su fiesta litúrgica ni se utiliza la expresión Santo Padre Pío. A lo largo de la historia de la Iglesia no faltan ejemplos de algunos que han recibido cierta veneración, aun antes de su canonización, pues han muerto con señales evidentes de santidad (Francisco de Asís, Antonio de Padua, entre otros)